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La ciudad de Dios

Artículo de la enciclopedia

La ciudad de Dios, principal obra escrita por san Agustín de Hipona, uno de los más notables representantes de la primera filosofía cristiana, cuyas teorías representaron una original síntesis entre los principios doctrinales del cristianismo y la herencia de la antigua filosofía clásica. No en vano, san Agustín conoció la decadencia del Imperio romano y el inicio de la edad media. Toda su filosofía posee un carácter de gran sinceridad y en ella la influencia de Platón es muy notable, hasta tal punto que san Agustín parece “cristianizar” algunas de las tesis del platonismo clásico.

Redactada entre el 413 y el 426 en latín (título original: De civitate Dei), La ciudad de Dios representa una de las más importantes obras de filosofía de carácter cristiano de la historia y ejerció una gran influencia a lo largo de la edad media. Fue escrita para responder a la crítica que los romanos no cristianos hacían a los cristianos, a quienes culpaban de la caída del Imperio por haber promovido el abandono del culto a los dioses romanos. San Agustín no aceptaba esta crítica y pensaba que el ocaso del Imperio romano se debía a otras causas más profundas, tales como la decadencia moral de Roma y el rechazo de los principios de vida que el cristianismo instauró. Toda la obra se erige en una alabanza del valor del cristianismo como única religión verdadera y en un reconocimiento de la providencia divina que permitió la gloria de Roma y su decadencia posterior.

En La ciudad de Dios, san Agustín describió los rasgos de dos ciudades que se encuentran en el cielo y en la Tierra. En el cielo distingue la “ciudad de Dios” (poblada por ángeles que adoran a Dios y le obedecen) y la “ciudad del mal” (formada por los demonios o ángeles rebeldes). Estas dos ciudades celestes tienen su contrapunto en la Tierra, donde también pueden distinguirse dos ciudades homónimas: la “ciudad de Dios” (integrada por quienes siguen los principios del cristianismo y practican la caridad y el amor a Dios, siguiendo el ejemplo bíblico de Abel) y la “ciudad del mal” (formada por quienes sólo viven para obtener placer y felicidad egoísta y siguen el ejemplo violento de Caín). Las dos ciudades que se encuentran en la Tierra, a imagen de las ciudades celestiales, deberán pasar una prueba decisiva: el Juicio Final que tendrá lugar al final de los tiempos, cuando se establezca la verdad definitiva y triunfe el cristianismo.

Es importante advertir que, más allá de la estructura narrativa de la obra (escrita en un estilo llamativo por su sinceridad y su belleza), san Agustín tuvo muy en cuenta las disputas teológicas de su tiempo y criticó las posturas de determinados filósofos, en especial las mantenidas por seguidores del maniqueísmo. Todo el libro se encuentra lleno de referencias a la Biblia y se inspira, especialmente, en el Evangelio según san Juan, en los distintos escritos de san Pablo, así como en las aportaciones de los apologistas cristianos Orígenes y Tertuliano

En realidad, La ciudad de Dios es una obra de filosofía de la historia cargada de elementos teológicos. Su influencia fue muy notable en los siglos posteriores y marcó algunas de las más importantes disputas teológicas medievales. Fue ampliamente utilizada por los más importantes representantes del humanismo y de la Reforma del siglo XVI, quienes encontraron en sus páginas la imagen ideal de la Iglesia y de la sociedad cristianas.

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