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Esquema
El Magreb en su conjunto es una región con escasez de recursos hídricos. La agricultura intensiva y la sedentarización están restringidas a las áreas, relativamente bien drenadas, próximas a las costas atlánticas y mediterráneas. La mayor parte de los ríos y arroyos de la región son intermitentes, presentándose durante la mayor parte del año en forma de canales secos o wadis (también denominados uadis); en el interior árido, los asentamientos humanos y la actividad económica han dependido de los oasis, alimentados por las reservas de agua subterráneas o artesianas. Libia y el Sahara Occidental carecen de ríos permanentes. Desde la década de 1970, no obstante, Libia ha comenzado a explotar, e incluso pueden estar en peligro de sobreexplotación, sus reservas acuíferas subterráneas, principalmente a través del Proyecto Gran Río Artificial, comenzado a mediados de la década de 1980. Los demás países cuentan con un número reducido de ríos. Todos, excepto el Senegal —el único río permanente de Mauritania—, son cortos, fluyen a lo largo de la llanura costera y son alimentados por cabeceras localizadas en la cordillera del Atlas. El tunecino río Majardah (o Mejerda) y sus tributarios del norte son los únicos ríos permanentes. Entre los escasos ríos argelinos de longitud considerable cabe mencionar al Chelif, el más extenso del país. Marruecos es el país con mayor número de ríos permanentes, incluido el Muluya, que desemboca en el Mediterráneo, y el Um er Rbia, el Sebu y el Sus, que desaguan en el Atlántico.
Las condiciones climáticas mediterráneas dominan las regiones costeras de Marruecos (tan sólo el litoral septentrional), Argelia, Túnez y la mayor parte de Libia. De septiembre a mayo el tiempo es tormentoso y las precipitaciones en algunos lugares son lo suficientemente abundantes como para permitir el desarrollo de una agricultura sin necesidad de regadío. El resto del año es cálido y seco, dominado por sistemas climáticos saharianos que generan vientos cálidos y secos conocidos indistintamente como siroco, cheheli o chergui. En las zonas desérticas y semidesérticas (estepa) se suceden escasas precipitaciones a lo largo del año. En los meses de verano las temperaturas son muy elevadas, mientras que las noches de invierno pueden llegar a ser extremadamente frías. El Sahara tiene una vegetación escasa, dominada por herbazales resistentes a la sequía y por arbustos tales como la acacia. Los oasis y unos pocos uadis permiten la existencia de cultivos y palmeras, así como de herbazales. En las regiones semidesérticas del Magreb las precipitaciones, ligeramente superiores, permiten el crecimiento de herbazales, como el esparto, y de espino, así como de algunos cultivos a lo largo de los cursos fluviales. Una variedad de ámbitos mediterráneos dominan las montañas y el cinturón costero. La mayor parte de los bosques originarios han sido talados, si bien siguen albergando un gran número de hierbas y arbustos, además de algunas plantas herbáceas. En esta región se practica tanto la agricultura de regadío como la que utiliza el agua de lluvia para sostener la producción cultivada; también se ha desarrollado una actividad forestal de carácter comercial.
Cerca de las tres cuartas partes de la población del Magreb, de un total de 70 millones de habitantes viven en Marruecos (27 millones, incluido el Sahara Occidental) y Argelia (27 millones). Túnez tiene una población cercana a los 8,6 millones; Libia, 4,6 millones; y Mauritania, 2,2 millones. Los índices de mortalidad han descendido más rápidamente que los de fertilidad a lo largo de los últimos treinta años y, a consecuencia de ello, la población ha crecido muy rápidamente, creciendo más del 3% anual entre 1960 y 1990. Cifra que se espera duplicar en los próximos 25 años, debido fundamentalmente a la joven estructura de edad de la población —cerca del 40% de los magrebíes son menores de 15 años—. Estas tendencias demográficas han provocado crecientes demandas de vivienda, empleo y servicios sanitarios y educativos. En Marruecos, por ejemplo, se necesitan crear cada año 100.000 empleos adicionales para satisfacer las demandas de las personas que ingresan en el mercado laboral, a pesar de lo cual en 1992 casi un tercio de la población comprendida entre los 15 y los 25 años se encontraba desempleada. Una situación similar en Argelia ha provocado un aumento de los problemas políticos en ese país. Todas estas tendencias demográficas en el Magreb han forzado a numerosas personas a emigrar hacia Europa occidental, lo que ha avivado los temores entre los países de la Unión Europea ante un incremento masivo de la corriente inmigratoria.
La población de la región no sólo ha crecido rápidamente, sino que también se ha ido urbanizando. En 1960 los niveles de urbanización en el Magreb no superaban en ningún caso el 25%, oscilando entre el 3,4% en Mauritania y el 36% en Túnez. En 1995, el ritmo de urbanización variaba dependiendo de los países: los niveles se mantenían por debajo del 50% en Argelia, Mauritania y Marruecos, llegando hasta el 54% en Túnez y hasta cerca del 70% en Libia. Las ciudades crecen rápidamente no sólo debido al crecimiento generalizado de la población, sino también al elevado nivel registrado en el proceso de migración entre el campo y la ciudad. Algunas de las principales ciudades magrebíes están rodeadas de bidonvilles, barriadas formadas por viviendas provisionales, a menudo con escasos servicios públicos y mobiliario urbano que puede encontrarse en cualquier otro barrio residencial. Algunas áreas urbanas deprimidas del casco histórico de las ciudades se han convertido en guetos en los que se hacinan los habitantes llegados de las áreas rurales. La mayor parte de las ciudades de la región se concentran en la franja litoral. Entre éstas se incluyen las cinco capitales de los países que conforman el Magreb: Nouakchott (Mauritania), Rabat (Marruecos), Argel (Argelia), Túnez (Túnez) y Trípoli (Libia). La principal ciudad de la región, además de destacado puerto pesquero, es Casablanca, la primera de una larga lista entre las que destacan Agadir, Tánger, Orán, Constantina y Bengasi. Las dos únicas ciudades importantes localizadas en el interior de la región son las dos capitales históricas de Marruecos, Fez y Marrakech.
El islam es el principal vínculo de unión entre los países del Magreb; más del 97% de la población de cada estado es musulmana. Marruecos, Argelia, Túnez y Libia tuvieron, en algún momento de su historia, importantes comunidades judías, pese a lo cual, desde la independencia de estos países, la mayor parte de sus habitantes hebreos han emigrado hacia Europa occidental o a Israel. Pequeñas comunidades permanecen en algunos centros urbanos importantes y en la tunecina isla de Yerba (Jarbah). En los cinco países también existen pequeñas comunidades de cristianos expatriados. La gran mayoría de los musulmanes del Magreb son suníes de rito malequita y de inspiración sufí. Numerosas cofradías sufíes se han desarrollado a lo largo de los siglos, desarrollando, en algunos casos, un poder tanto temporal como religioso —sobre todo, la Tijaniya, que jugó un papel primordial en el comercio trans-sahariano; y la Sanusi, que llegó a ser identificada con la monarquía libia que gobernó el país hasta el estallido revolucionario. En el Magreb actual, las formas tradicionales en las que se manifiestan la religiosidad islámica están sufriendo un serio reto por parte del denominado islamismo o fundamentalismo islámico, movimiento político-religioso en auge que busca incorporar los valores islámicos universales en la actividad política y en la vida cotidiana de los hombres y mujeres que habitan los países musulmanes.
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