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Introducción; Orígenes del Imperio; Hispanoamérica; Las colonias españolas en Asia y el Pacífico; Las posesiones africanas; La repercusión y el legado del Imperio
Imperio español, denominación que recibió el conjunto de territorios de América, Asia, África y Oceanía colonizados y administrados por España, o por cualquiera de las entidades anteriores a la creación de dicho Estado. Se suele hacer referencia exclusivamente a las zonas ultramarinas dominadas por España a la hora de emplear la expresión “Imperio español”, excluyendo por tanto las posesiones europeas. Cabe destacar asimismo el hecho de que la palabra “imperio” no define correctamente (como también ocurre en el caso portugués o británico, en buena medida) la categorización del dominio colonial ejercido por los gobernantes españoles, dado que, si se exceptúa a Carlos I, ningún monarca pudo atribuirse un título imperial reconocido por los restantes estados. El Imperio colonial español comenzó a forjarse a finales del siglo XV, cuando Europa iniciaba su expansión en ultramar. España perdió gran parte de las zonas conquistadas como consecuencia del movimiento de emancipación que arraigó en Latinoamérica a principios del siglo XIX. Tras la Guerra Hispano-estadounidense de 1898, Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam dejaron de ser colonias españolas. Actualmente, los únicos territorios situados fuera de la península Ibérica que pertenecen aún a España son las islas Canarias, emplazadas frente a la costa noroccidental de África e insertas en la organización territorial española como una más de sus comunidades autónomas, y los enclaves norteafricanos de Ceuta y Melilla, que, ubicados al otro lado del estrecho de Gibraltar, poseen la categoría de ciudades autónomas. En su momento de máximo esplendor en el continente americano, el Imperio español abarcaba lo que en la actualidad es Alaska, la costa occidental de Estados Unidos, México y Centroamérica, y hasta el sur de Chile y la Patagonia, por el oeste; en tanto que por el este, comenzaba en el actual estado de Georgia (Estados Unidos), y se extendía hacia el sur, incluyendo las islas del Caribe, Venezuela, Colombia y Argentina. España ocupó también territorios del oeste del Sahara en distintas épocas, así como regiones costeras de lo que hoy en día es Guinea Ecuatorial, entre las que se cuenta la isla de Fernando Poo (en la actualidad Bioko). En Asia, España gobernó sobre las islas Filipinas. En Oceanía, conservó las islas Marianas y las islas Carolinas.
El Imperio español comenzó a forjarse en la época en que gobernaban Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (Reyes Católicos), cuyo matrimonio en 1469 marcó el inicio del proceso de unificación de sus respectivas coronas. Fue durante el reinado de los Reyes Católicos cuando el nuevo país, recién constituido, comenzó a levantar un imperio. Varios son los motivos que explican esta expansión en ultramar. Por un lado, los monarcas deseaban afianzar su dominio sobre los territorios vecinos del norte de África; esperaban también proteger el comercio de Castilla en el mar Mediterráneo y en el océano Atlántico, y utilizar las zonas próximas como puertos para la exportación de oro y esclavos africanos; asimismo, apoyaban la exploración de lugares remotos con objeto de extender el cristianismo e incrementar el potencial comercial de las dos coronas (la de Castilla y la de Aragón) en el Lejano Oriente, lo que proporcionaría grandes riquezas y prestigio internacional. El incremento de la actividad comercial española tenía como finalidad reducir la ventaja que habían adquirido los exploradores y comerciantes portugueses al establecer bases en el continente africano y en las islas de la costa atlántica de África. A comienzos del siglo XV, los navegantes portugueses habían descubierto y colonizado dos pequeños archipiélagos, Madeira y las Azores. Entre 1456 y 1460, Portugal ocupó las islas de Cabo Verde y se apresuró a establecer puestos comerciales fortificados en el golfo de Guinea. En 1488, el navegante portugués Bartolomeu Dias bordeó África y dobló el cabo de Buena Esperanza, abriendo así una nueva ruta al Lejano Oriente. El aumento de la influencia internacional de Portugal alentó a España a emular los logros del país vecino. Las islas Canarias, pese a ser reclamadas tanto por España como por Portugal, quedaron bajo el dominio español según el Tratado de Alcáçovas, firmado en 1479. Varias bulas papales asignaron las Canarias a España en las décadas de 1480 y 1490. A pesar de la feroz resistencia de la población nativa guanche, las siete islas se hallaban bajo el control de la Corona de Castilla en 1496. La función de las islas Canarias con respecto a España era similar a la de las islas portuguesas en el Atlántico: servían como enclaves militares y puestos comerciales en los que los braceros y aparceros trabajaban para un reducido grupo de propietarios dedicados al comercio. Los españoles introdujeron en Canarias ganado vacuno, porcino, caballos, ovejas y plantas mediterráneas; las islas ofrecían una gran riqueza en azúcar y pesca, además de su importancia estratégica por su proximidad a las costas occidentales de África. En 1492 se produjo un acontecimiento decisivo en la historia de la exploración española: la reina Isabel y el rey Fernando patrocinaron una expedición dirigida por el navegante de origen genovés Cristóbal Colón. Éste y su tripulación abandonaron España con tres naves en busca de una ruta para alcanzar las Indias o Asia por el oeste. Al cabo de más de dos meses de navegación, Colón avistó tierra en el mar Caribe el 12 de octubre de ese año. Puesto que el marino italiano creía haber alcanzado la India, estas zonas fueron llamadas las Indias. El viaje de Colón se produjo en un momento muy oportuno para España. En enero de 1492, los Reyes Católicos habían conquistado el reino de Granada, el último reducto musulmán de la península Ibérica, completando así lo que se denominó la Reconquista cristiana de los territorios controlados por los árabes. Isabel y Fernando habían decidido iniciar una cruzada en las tierras de ultramar para difundir el cristianismo. Prepararon también una expedición armada al norte de África, cuyo último objetivo sería la ciudad de Jerusalén, que se hallaba bajo el control de los musulmanes. Sin embargo, este ejército fue requerido para combatir en Italia. Al mismo tiempo, la expedición de Colón, que se proponía llegar a la India y Asia por el oeste, debía proporcionar a España una nueva ruta a Jerusalén. Así pues, eran cuatro los motivos que impulsaron la expansión de España: difundir el cristianismo; reforzar la unidad y la identidad del país alentando la sensación de que se estaba cumpliendo un destino nacional; mejorar la situación internacional de sus reinos; y competir con la gloria, el comercio y la expansión territorial del naciente Imperio portugués. Colón sentó las bases del Imperio reclamando para España las tierras que exploró en las islas del Caribe y estableciendo la primera colonia europea de la zona. En 1493, con objeto de formalizar la soberanía sobre las tierras descubiertas por Colón, España inició negociaciones diplomáticas con Portugal y el Papado, que hacía las veces de un organismo de mediación internacional sobre los asuntos relativos a los países católicos. Dado que España y Portugal tenían la misma ambición expansionista, el Papado contribuyó a reducir los conflictos entre ambas naciones estableciendo fronteras oficiales. La soberanía de España sobre algunas de las tierras americanas quedó confirmada en varias bulas papales (las llamadas Bulas Alejandrinas). El Papado basó estas resoluciones en lo que calificó como la responsabilidad de los españoles en la difusión del cristianismo y de la moral cristiana entre los habitantes de las nuevas regiones. En 1493, el papa Alejandro VI aprobó oficialmente el reparto de los territorios inexplorados entre los dos países. Esta decisión fue incorporada al Tratado de Tordesillas (1494), firmado entre Portugal y la Corona de Castilla, en el que se definía la denominada línea de Demarcación, que establecía los límites entre las zonas que pasarían a ser gobernadas por España y las que pertenecerían a los portugueses.
En el primer viaje, Colón avistó Cuba y arribó a La Española (isla en la que hoy en día se encuentran Haití y la República Dominicana). Regresó a España con pequeñas cantidades de oro, plantas, animales de estas tierras y seis indígenas tainos. Colón emprendió tres viajes más entre 1493 y 1502. En esta época, la región recibía el nombre de Indias españolas, puesto que el marino italiano seguía defendiendo que había llegado a la India. Por este motivo se llamó indios a los nativos de la región del Caribe, a pesar de que se trataba de gentes diferentes. Muchos de los que acompañaron a Colón en estos cuatro viajes eran veteranos de las luchas libradas contra los musulmanes para conquistar Granada; también había campesinos, funcionarios de la Corona, sacerdotes y frailes, algunas mujeres y africanos, la mayoría de los cuales fueron esclavizados. En el segundo viaje, zarparon diecisiete naves que transportaban a 1.200 colonos con la misión de establecer un asentamiento permanente en La Española. Casi todos ellos eran agricultores, pero algunos de estos primeros emigrantes no deseaban cultivar la tierra ni establecerse allí. Confiaban en la abundante mano de obra indígena y preferían dedicarse a buscar oro para regresar a España con una fortuna. No tardaron en tener conflictos tanto con la población nativa como con el propio Colón. A finales de 1494, muchos colonos se opusieron a la política del descubridor; por ejemplo, a sus métodos para hacer frente a la hostilidad de los indígenas. Llegaron incluso a presentar quejas ante los Reyes Católicos por la labor de Colón como administrador de las nuevas tierras. Los monarcas españoles enviaron desde entonces a sus propios funcionarios, primero para recaudar los impuestos y más tarde para gobernar la colonia. Su objetivo era afianzar el control monárquico sobre los colonizadores y los pueblos indígenas. Los Reyes Católicos fundaron en 1503 la Casa de Contratación de Indias, un organismo encargado de supervisar los asuntos coloniales y de controlar, autorizar y gravar toda actividad comercial. A medida que las autoridades españolas aumentaron su esfera de influencia en las colonias, Colón perdió poder efectivo y fue reemplazado finalmente por otros gobernadores. Al cabo de diez años, sólo quedaba en La Española una décima parte de la población nativa. Muchos tainos fallecieron a causa de enfermedades leves para los europeos y de la fractura que representó la intromisión en la vida cotidiana de sus comunidades; otros perecieron en las luchas contra los españoles o a causa del exceso de trabajo.
Durante los primeros años del siglo XVI, los españoles utilizaron las islas del Caribe como base de sus expediciones a Venezuela y Centroamérica. Los conquistadores reclutaban a los hombres, hacían los preparativos del viaje y dirigían las expediciones, financiadas frecuentemente por comerciantes. La mayoría esperaba encontrar grandes riquezas o lugares legendarios, tales como las Siete Ciudades de Cibola, un lugar mítico cuyas calles se creían adornadas con oro y joyas, o la Fuente de la Juventud, un manantial cuyas aguas se decía que tenían el poder de rejuvenecer al que bebiera de ellas. Los conquistadores habían estado vinculados a situaciones en las que la lucha se había convertido en un modo de vida: las guerras contra los musulmanes se habían prolongado durante siglos (la mencionada Reconquista) y habían llegado hasta la llamada guerra de Granada. Eran hombres acostumbrados a saciar su deseo de fama y fortuna mediante empresas militares. En el continente americano se ganaron el reconocimiento regio apoderándose de tesoros y conquistando territorios y súbditos para el país. Muchos exploradores también consideraban un deber moral convertir a los pueblos al cristianismo. Los conquistadores recorrieron Centroamérica y Sudamérica reclamando territorios para la monarquía española. Gracias a estas expediciones, España aumentó su riqueza, su territorio y su poder. Vasco Núñez de Balboa y sus hombres cruzaron Centroamérica y en 1513 se convirtieron en los primeros europeos que llegaban al océano Pacífico. Seis años después, Hernán Cortés encabezó una expedición a México; en 1521 tomó Tenochtitlan, la capital del Imperio azteca. En 1532 y 1533, Francisco Pizarro conquistó el Imperio inca del Perú. A pesar de estas victorias, la resistencia de la población nativa al dominio español se prolongó durante años. Desde el Perú, las nuevas expediciones avanzaron hacia el norte hasta llegar a los actuales estados de Ecuador y Colombia, y hacia el sur hasta alcanzar Chile. Los conquistadores fundaron la que habría de convertirse en la ciudad de Buenos Aires (actualmente en Argentina) en 1536 y un año más tarde hicieron lo propio con Asunción (actualmente en Paraguay). Francisco de Orellana exploró en 1542 la cuenca del Amazonas en busca del legendario El Dorado, en el que se decía que abundaba el oro y las piedras preciosas. Otros descubridores se aventuraron en las regiones fronterizas del norte de México y las tierras altas de la Guayana, donde establecieron puestos generalmente aislados y en ocasiones temporales. En el siglo XVI, los principales asentamientos permanentes se encontraban en el centro de México y en las montañas de los Andes. Hacia la década de 1550, España controlaba los territorios de lo que ahora constituye México, la mayor parte del continente sudamericano, Centroamérica, Florida y Cuba. Los exploradores europeos de Centroamérica y Sudamérica descubrieron civilizaciones mucho más ricas y avanzadas que las culturas caribeñas, tales como los mayas y los aztecas centroamericanos y los incas del Perú. Estos pueblos contaban con conocimientos tecnológicos que les permitían obtener abundantes cultivos, y habían desarrollado un sistema político en el que las ciudades-estado dominaban a las pequeñas comunidades de los alrededores. Las conquistas implicaron grandes cambios tanto para los indígenas como para los españoles. Los conquistadores impusieron su cultura y su religión en el continente americano, al tiempo que España consiguió enormes riquezas con los botines de sus conquistas y las minas de oro y plata de las nuevas tierras.
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