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Expansión del islam

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La Meca, Arabia SaudíLa Meca, Arabia Saudí
Esquema
2.3

La sucesión

Mahoma falleció en el 632 y fue sucedido por Abu Bakr al-Siddiq, padre de su esposa favorita. Abu Bakr se convirtió así en el primer califa del islam (jalifa significa ‘sucesor’ en árabe). Al igual que el fallecido profeta, el nuevo líder pertenecía al clan de los Quraysh. Aunque ni Abu Bakr ni ninguno de los siguientes califas reclamaron el título de profetas, eran realmente la máxima autoridad de una nueva religión que iba adquiriendo también entidad política. Los cuatro primeros califas, seleccionados todos ellos por un consejo de musulmanes, serían llamados posteriormente al-Rashidun (‘bien guiados’, ‘ortodoxos’). Este calificativo fue acuñado para indicar que estos hombres eran los más fieles y virtuosos seguidores de las enseñanzas y ejemplos de Mahoma.

Gobernar la nueva comunidad del islam ya había planteado algunos problemas en vida del profeta. La fuente de las leyes aplicadas eran las revelaciones del Corán, así como las del propio Mahoma, el profeta de Dios. En su fase inicial, la comunidad musulmana, regida en función de los preceptos divinos, podía considerarse una teocracia. Al fallecer Mahoma, las cuestiones relativas al gobierno que no podían resolverse recurriendo al Corán, se dirimían comparándolas con ejemplos de la vida del profeta en los que se reflejaba la voluntad de Dios. Los califas rashidun eran duramente criticados por la comunidad musulmana cada vez que actuaban en función de sus propios criterios. Con el tiempo, los desacuerdos sobre los mencionados ejemplos o sobre sus posibles interpretaciones provocaron una creciente división en el seno del islam.

Otra cuestión a la que tuvieron que hacer frente los sucesores de Mahoma fue el aumento de etnias y culturas diferentes integradas en la nueva comunidad musulmana. En su primera fase, el islam estaba profundamente vinculado a la identidad árabe. Independientemente de que Mahoma fuera árabe y de que su vida transcurriera en este entorno cultural, en el Corán se resaltaba el hecho de que la lengua utilizada era el árabe, y que la auténtica revelación fue transmitida así por Dios (Corán, 43:4 y 12:2). Por este motivo, los primeros musulmanes se sentían orgullosos de su etnia y de su nueva religión árabe. Pero a medida que el islam se extendió por otros pueblos, la cuestión sobre si era una religión intrínsecamente árabe se convirtió en otra fuente de conflictos en las décadas posteriores a la muerte de Mahoma.

3

La época de los califas rashidun

Abu Bakr dedicó gran parte de su reinado a aplacar las diversas rebeliones locales contra el gobierno del islam, conocidas como las guerras de apostasía (ridda). Poco antes de tener noticia del fallecimiento de Mahoma, muchas tribus árabes habían renegado de su fidelidad al islam en favor de nuevos profetas locales. Se trataba más de una cuestión política y económica que de una elección religiosa, puesto que las tribus renunciaron a su compromiso para alcanzar su autogobierno y evitar el pago de la zakat. Abu Bakr tomó parte en algunas de estas luchas, pero el más ilustre caudillo militar de la época fue Jalid ibn al-Walid. Las guerras de apostasía consolidaron el dominio de Medina sobre toda Arabia y la inclusión de estas tierras en el umma o comunidad del islam.

3.1

La expansión

Después de las guerras de apostasía, Abu Bakr decidió difundir el islam en las regiones del norte, esto es, en los territorios que ocupan actualmente Irak y Siria. Antes del nacimiento del islam, tanto esta área como la región mesopotámica habían sido zonas de conflictos disputadas durante más de un siglo por el Imperio bizantino y los Sasánidas de Persia. Con un ejército ya constituido a lo largo de las guerras de apostasía e inspirados por su nueva religión y la oportunidad de hacerse con importantes botines, los árabes musulmanes derrotaron a los bizantinos y a los Sasánidas, cuyas fuerzas se hallaban exhaustas por los largos años de lucha. Los soldados de Abu Bakr conquistaron el sur de Irak, lo que suponía una amenaza para las principales ciudades persas de la cuenca del Tigris y el Éufrates, y comenzaron a avanzar hacia la Siria bizantina.

Abu Bakr falleció a finales de agosto del 634 y le sucedió Umar ibn al-Juttab, Umar I, padre de la tercera esposa de Mahoma. Umar, convertido al islam en sus primeros tiempos, había desempeñado un papel fundamental en la negociación para que los ayudantes de Medina aceptaran a Abu Bakr como primer califa. También pertenecía a la tribu de los Quraysh, adoptó el título de amir al-muminin (‘jefe de los creyentes’), para indicar a los musulmanes que eran una nación en armas bajo un gobierno militar.

El primer proyecto que llevó a cabo Umar I fue la expansión del islam hacia el norte, adentrándose en territorio bizantino. Los musulmanes capturaron Damasco en septiembre del año 635 y, casi un año después, las fuerzas bizantinas, dirigidas por el emperador Heraclio I, fueron derrotadas en una contienda que marcó el final del dominio bizantino en el Creciente Fértil. Jerusalén fue tomada en el 638 y se convirtió posteriormente en la tercera ciudad islámica más importante del mundo después de Medina y La Meca.

En el nordeste, las fuerzas musulmanas alcanzaron victorias similares frente a los Sasánidas en los territorios que en la actualidad constituyen Irak. El rey persa Yazdgard III (último monarca de la dinastía Sasánida) luchó con arrojo pero, a pesar de sus amplios recursos, fue derrotado en la batalla de Qadisiyah en febrero del 637. Ctesifonte, la capital sasánida establecida en el Tigris, cayó ese mismo año. Los musulmanes avanzaron hacia el este y aproximadamente en el 642 habían conquistado la región de Juzistán, en el suroeste de la actual Irán.

Durante este tiempo, los ejércitos musulmanes que avanzaban hacia el oeste a las órdenes del general Amr ibn-al-As habían lanzado un ataque contra Egipto. Alejandría se rindió a los musulmanes en noviembre del 641. Umar I estableció un puesto militar en la que había sido ciudad romana de Babilonia, próxima al delta del Nilo, que pasó a llamarse al-Fustat y se convirtió en la primera ciudad de fundación musulmana en Egipto, así como en la precursora de El Cairo.

3.2

Las instituciones islámicas

Umar I fue estructurando la organización política del Imperio a medida que éste se expandía. Cuando los musulmanes comenzaron a establecerse en las zonas pobladas del Creciente Fértil, Umar I creó una nueva institución para garantizar la protección tanto de los soldados como de los pueblos conquistados. Los soldados, y posteriormente sus familias, residían en amsars (áreas militares aisladas del casco antiguo de la ciudad) o en los nuevos puestos militares. Los árabes eran minoría en las tierras conquistadas y al alojarse en estos recintos preservaban su identidad árabe y podían ser controlados por sus líderes con más facilidad. En Siria, más densamente poblada, los amsars se establecieron en las ciudades ya existentes, mientras que en lo que hoy es Irak, con menos población, se construyeron entre los años 636 y 638 nuevos puestos militares, como Basora y Kufa.

Otra de las instituciones creadas por Umar I fue el diwan o registro oficial de soldados musulmanes árabes, cuya función era regular el reparto de los botines obtenidos en las conquistas. En el diwan estaban recogidos los nombres de todos los musulmanes inscritos en los centros de Medina y La Meca, así como de los soldados alistados en los ejércitos conquistadores y de sus familiares. La jerarquía de los nombres del diwan y, por lo tanto, la cantidad del botín que correspondía a cada persona, venía determinada por el orden cronológico de aceptación del islam, por la vinculación con Mahoma y por la importancia del servicio prestado. En este registro se incluía a Aisha y a las restantes esposas de Mahoma, a los familiares del profeta, a los compañeros, a los ayudantes y a aquellos que habían luchado en las batallas de Badr y Uhud, las guerras de apostasía y en la conquista del Creciente Fértil. Los objetos de oro y plata eran repartidos entre las tropas en el lugar de la batalla. Los veteranos recibían un estipendio anual, pero algunos de los más influyentes eran recompensados con tierras. Al califa le correspondía una quinta parte del botín, la misma cantidad que hubiera recibido Mahoma para ayudar a los necesitados de su comunidad, y otro quinto era enviado a Medina.

3.3

Disensiones internas

Umar I falleció en noviembre del 644 y le sucedió Utmán ibn Affan, yerno de Mahoma. Pertenecía también a la tribu de los Quraysh, aunque era miembro de un clan diferente, el de los Omeyas, ya ilustre en La Meca antes del ascenso de Mahoma.

Durante el gobierno de Utmán, las conquistas se ralentizaron y la intranquilidad cundió en las ciudades con puestos militares. Utmán, que representaba a la clase social de los mercaderes de La Meca, no era un experto en técnicas militares y tuvo que hacer frente a la oposición del Ejército desde el comienzo. Al realizarse menos conquistas, disminuyeron también los botines, y los soldados comenzaron a mostrar su desacuerdo ante las riquezas que se enviaban al califa y a los funcionarios de Medina. Además, el único vínculo entre los soldados y sus líderes era el islam. Utmán, en un intento por revitalizar la fuerza del islam, insistió en la elaboración de una única versión del Corán y ordenó quemar todas las copias anteriores. Esa versión “autorizada” del Corán se organizó en función de la longitud de las suras (capítulos), de los más largos a los más cortos. Utmán actuó con nepotismo favoreciendo a los miembros de su propio clan en el nombramiento de puestos destacados, por lo que perdió el respaldo del pueblo.

En el 656, diversos grupos de soldados insatisfechos se dirigieron a Medina y se amotinaron contra Utmán arrojándole piedras cuando se hallaba en la mezquita. Los soldados, ante el temor de que un ejército de Siria acudiera en ayuda del califa, asaltaron su residencia en junio del 656 y le asesinaron. Persuadieron después a Alí ibn Abi Talib, que simpatizaba con la causa rebelde y era también primo y yerno de Mahoma, para que aceptara el califato. Alí se encontró con la oposición del clan de los Omeyas y de Aisha, viuda de Mahoma, que consideraba que había llegado a ser califa injustamente.

En diciembre del 656, Alí se dirigió con sus tropas leales hacia Basora, donde fue derrotado por las fuerzas fieles a Aisha en lo que se considera la fase inicial de la primera guerra civil islámica. Esta contienda, que comenzó en el 656 y se prolongó hasta el 661, fue conocida posteriormente como la primera fitna (‘prueba’, en árabe), porque sirvió para poner a prueba la unidad de la comunidad islámica. Al concluir la primera batalla, Alí abandonó Medina y se trasladó a Kufa, donde contaba con más apoyo. Allí fue desafiado por Muawiya, el gobernador de Siria perteneciente a la familia Omeya.

Muawiya se negó a reconocer a Alí como califa y combatió contra las fuerzas del enemigo en una batalla que tuvo lugar en Siffin, al norte de Siria, en el 657. Cuando la lucha se tornaba favorable a Alí, éste accedió a la petición de Muawiya, que solicitaba someter a arbitraje la cuestión de si Utmán había merecido la muerte por los errores cometidos o si había sido injustamente asesinado. El asunto se dirimió en el año 658 y la decisión fue desfavorable para Alí, que rehusó aceptar el veredicto y trató de reanudar la batalla. Fue entonces cuando algunos de sus seguidores desertaron porque consideraban que, al acceder al arbitraje, había actuado en contra del Corán, que era la palabra de Dios. Cuando los disidentes salieron a la luz, Alí eliminó a muchos de estos jariyíes (‘los que salen’) lo que desilusionó profundamente a los partidarios del califa. Alí deseaba entablar una guerra contra Muawiya, pero se encontró con la oposición de todos los sectores. Finalmente, el califa fue asesinado por un jariyí en enero del 661. Muawiya disuadió al hijo de Alí, Hasan, de reclamar el califato. La proclamación de Muawiya como califa puso fin al periodo de los califas rashidun y marcó el comienzo del califato Omeya.

Al concluir la guerra civil y tras el magnicidio de Alí, el islam quedó dividido en tres facciones. La primera y de menor fuerza era la de los jariyíes. Los dos grandes grupos enfrentados eran los shiat Alí, los ‘seguidores de Alí’ (posteriormente conocidos como chiitas), y aquéllos que aceptaban a Muawiya como califa. Este último, el de los denominados suníes, comprendía a la mayoría de los musulmanes. Los chitas exigían que el califato retornara a la familia de Alí, pues consideraban que éste había sido depuesto injustamente y había sido elegido por Dios para suceder al mismo Mahoma. Muchos de los débiles y necesitados que padecieron cuando el gobierno de Alí estaba dominado por el estamento militar, se unieron a su causa.

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