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Expansión del islam

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La Meca, Arabia SaudíLa Meca, Arabia Saudí
Esquema
4

El califato Omeya

Muawiya no fue elegido califa, sino que conquistó el título a la fuerza, y se mantuvo en este puesto gracias a sus excelentes relaciones con las tropas árabes de Siria. Tan fuertes eran sus lazos con el estamento militar árabe que las casi nueve décadas de gobierno de los Omeyas (661-750) han sido calificadas como el periodo del reino árabe. Lo árabe dominaba el islam como principio organizativo del Estado. Esta tendencia inquietaba a los musulmanes tradicionales y a la creciente población de musulmanes no árabes. Muawiya organizó un nuevo centro de gobierno en la ciudad militar de Damasco, lo que indicaba el dominio emergente de Siria con respecto a Medina y La Meca, y se propuso unificar su reino afianzando la posición de la clase guerrera árabe favorable a los Omeyas.

4.1

La nueva expansión

La dinastía Omeya intentó canalizar la energía de sus súbditos y del Ejército en nuevas conquistas. El norte de África se convirtió en una de las principales áreas de expansión islámica. Dado que las ciudades portuarias de estas regiones estaban en manos de cristianos bizantinos, los árabes sólo ocuparon inicialmente las zonas rurales del interior. En el 670 establecieron un nuevo puesto militar en Kairuán (en la actualidad, en Tunicia), y entre el 697 y el 705 conquistaron Cartago. Los alrededores de la ciudad de Túnez fueron utilizados entonces como base naval árabe. El islam se extendió entre los nativos bereberes, que se incorporaron al Ejército árabe y a los que se asignó la misma porción del botín que a los soldados árabes. Uno de estos bereberes, Tariq ibn Ziyad, dirigió a los ejércitos musulmanes a lo largo de la costa Mediterránea en el 711, hasta alcanzar la península Ibérica a través del estrecho de Gibraltar. Las fuerzas conjuntas de árabes y bereberes conquistaron los territorios que hoy forman Portugal y España (al-Andalus) y se adentraron en la zona occidental de la actual Francia, donde en el 732 fueron derrotados por el rey franco Carlos Martel en una batalla que tuvo lugar entre Tours y Poitiers y que detuvo el avance del islam en Europa.

Además de la expansión hacia occidente, los Omeyas también intentaron acabar con el Imperio bizantino atacando su capital, Constantinopla (la actual ciudad turca de Estambul). Pero este proyecto fracasó en tres ocasiones: en el 669, en la campaña del 673 al 678 y en la campaña del 717 al 718. Asimismo, avanzaron hacia el este adentrándose en la actual Irán y en Asia central. La población de esta zona estaba compuesta por campesinos persas, por la elite militar gobernante turca y por comerciantes de seda chinos. Hacia el 667, los árabes cruzaron el río Oxus (Amu Daria) y en el 751 tomaron Samarcanda y Tashkent (actualmente, en Uzbekistán). Otros ejércitos árabes ya habían alcanzado Sind (hoy en día, una provincia de Pakistán) y el delta del río Indo en el 712. Los árabes, satisfechos con los botines y los tributos exigidos, no llegaron a asentarse en estas regiones orientales, pero difundieron el islam entre sus habitantes.

4.2

Conflictos sociales y políticos

A pesar de que los Omeyas confiaban en unificar los territorios bajo su poder, tuvieron que hacer frente a la oposición de diversos grupos, principalmente los mawali (musulmanes no árabes, pero relacionados con éstos), y los chiitas.

Cuando el islam se extendió en el Creciente Fértil y en las zonas circundantes, la población no árabe comenzó a convertirse a esta religión. Pero, al ser éste un movimiento árabe desde sus inicios, los mawali constituían un grupo de segunda categoría. Se les denominaba mawali (‘clientes’, en árabe) porque fueron obligados a unirse o a prestar servicios a tribus o individuos musulmanes. Estas gentes vivían en los suburbios construidos en los alrededores de los amsars y se dedicaban a la agricultura, el comercio, la artesanía y a trabajos que requerían escasa cualificación. Servían en la infantería árabe y recibían una porción de los botines de guerra inferior a la de los árabes. Su esperanza de prosperar residía en la posibilidad de que el gobierno concediera más importancia a la aceptación del islam que a la etnia. Sin embargo, los Omeyas no consiguieron recompensar a todos los musulmanes por igual o bien los botines no eran tan abundantes como se esperaba. Además, las comunidades musulmanas de la zona contaban con los impuestos recaudados a los mawali. Esta actitud contrarió a este sector de la población y alimentó el descontento, la deslealtad y, finalmente, la rebelión.

Mientras tanto, continuaban las hostilidades entre los Omeyas y otras facciones musulmanas, especialmente los chiitas. Muawiya, antes de su muerte, acaecida en el 680, nombró como su sucesor a su hijo, Yazid I, lo que hizo innecesaria la elección de un nuevo califa. Esta decisión irritó a quienes rechazaban la creación de un reinado dinástico de los Omeyas. Cada grupo opinaba de diferente forma con respecto a quién tenía derecho a dirigir la comunidad islámica entre los parientes de Mahoma y los descendientes de los personajes estrechamente vinculados al profeta. Los chiitas creían que el califa debía ser un descendiente de Mahoma de la línea de Alí. Los “ayudantes” consideraban que su aportación al islam se había pasado por alto en la elección de los llamados “califas rashidun”, y que lo justo era designar a uno de sus miembros. Muchos grupos cuestionaban la pureza de la fe de los Omeyas. Por otro lado, los musulmanes no árabes eran conscientes de que, al concederse más importancia a la etnia que a la aceptación del islam, quedaba cerrada para ellos la posibilidad de ascender socialmente.

El clima de descontento que surgió tras la muerte de Muawiya provocó seis décadas de desórdenes y de guerra civil. Meses después del fallecimiento del califa en el 680, los chiitas se rebelaron en Kufa y reafirmaron su adhesión a Husayn, hijo de Alí. Tras caer en una emboscada tendida en el camino de La Meca a Kufa, Husayn y su grupo, formado por sus parientes y seguidores, fueron masacrados por las fuerzas de los Omeyas. La rebelión chiita de Kufa quedó sofocada, pero el asesinato de Husayn, nieto de Mahoma, conmocionó al mundo islámico y provocó una corriente de simpatía por los chiitas. Poco después, los descendientes de los “compañeros” y de los “ayudantes” del profeta se amotinaron en Medina y aumentó además la duda de los mecanos sobre la pureza de la fe de los Omeyas. Éstos volvieron a tomar Medina y saquearon la ciudad durante tres días. Los ejércitos sirios sitiaron sin éxito La Meca y destruyeron la Kaaba, el templo sagrado del islam. Arabia quedó sumida en el caos cuando los antagonismos entre tribus, latentes desde los tiempos de Mahoma, resurgieron provocando una guerra. Las frecuentes rebeliones de los mawali sembraron la intranquilidad más allá de Arabia, a lo largo de los territorios islámicos.

4.3

La caída de los Omeyas

La expansión territorial de los Omeyas intensificó los problemas sociales porque el descontento de los mawali se incrementó ante el número de ciudades militares y de población no árabe que se convertía al islam. En la década del 740, los rebeldes chiitas establecieron alianzas con otro clan árabe, el de los Abasíes, descendientes de Abbas, tío de Mahoma. Este clan proclamó que todos los musulmanes, árabes o no, debían recibir igual trato. Tras obtener el apoyo de los mawali persas rebeldes, esta confederación venció en la decisiva batalla que se libró contra los Omeyas en el 750, y que puso fin al dominio de este clan (salvo en al-Andalus, que permaneció bajo su control). La dinastía Abasí trasladó la capital a Bagdad, restauró el orden e instituyó reformas destinadas a impartir justicia a todos los musulmanes.

5

Conclusión

Sólo 120 años después de la conquista de La Meca por parte de Mahoma, los Abasíes heredaron un Imperio islámico que se extendía desde el norte de África y abarcaba el Creciente Fértil, la meseta iraní, el río Oxus y Asia central hasta las fronteras de China y la India. En los siglos posteriores, los Abasíes fueron perdiendo paulatinamente parte de sus territorios ante las provincias rebeldes. Finalmente, todas las regiones islámicas de Asia fueron invadidas por el Imperio mongol en el siglo XIII. A pesar de la caída del poder Abasí, la religión islámica arraigó en Oriente Próximo, Asia central y el norte de África. Finalmente, los misioneros y comerciantes extendieron este credo en el África subsahariana, la India subcontinental, el Sureste asiático y Europa oriental. En la actualidad, más de mil millones de personas en todo el mundo forman parte del umma, o comunidad del islam.

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