Escapado en solitario en plena ascensión, esta imagen fue muy habitual a lo largo de la trayectoria deportiva de su protagonista, Federico Martín Bahamontes. Considerado el mejor escalador de todos los tiempos, este ciclista español basó todos sus éxitos (especialmente en el Tour de Francia, que ganó en 1959) en sus espectaculares exhibiciones en la alta montaña. Por todo ello se ganó el merecido sobrenombre de El Águila de Toledo.