| Las vasijas de cerámica griega poseían diferentes formas dependiendo de la función a la que estaban destinadas. Había vasos para almacenar líquidos, como las ánforas, para mezclar el agua y el vino, como las cráteras, para utilizar en ceremonias, como el lutróforo (que servía para transportar agua) o el omfalos (cuenco para las libaciones), para beber, como el kylix, para servir las bebidas, como el oinochoe, y para conservar diversos ungüentos, como el alabastrón. |