Las obras de la catedral comenzaron en el año 1298, pero no finalizaron hasta finales del siglo XIX, con la fachada principal del edificio. En la sillería del coro, realizada entre fines del siglo XIV y principios del XV, trabajaron Pere Sanglada y Antoni Canet, aunque en 1519 se añadieron nuevos respaldos y tableros labrados por Bartolomé Ordóñez, quien asimismo proyectó e inició los magníficos relieves en mármol blanco del trascoro que representan el martirio de santa Eulalia. Los restos de esta santa, patrona de la ciudad y a quien está consagrada la catedral, descansan en la cripta situada bajo el altar mayor. En el interior destaca también un bello claustro y la capilla románica de santa Lucía.