El emperador japonés Aki-Hito ascendió al trono en 1989 tras el fallecimiento de su padre, Hiro-Hito. Bautizó su reinado oficialmente con el nombre de Heisei (‘de la paz conseguida’) para establecer una ruptura con el gobierno de su padre, durante el cual se habían llevado a cabo trágicas acciones militares. Su matrimonio con una plebeya, la emperatriz Michiko, representó asimismo la democratización de la institución imperial que precisaba el Japón moderno.