Por su carácter simbólico, la catedral desempeña un papel esencial entre las arquitecturas urbanas. Por ello, todas las capitales y ciudades del mundo cristiano que alcanzaban cierta notoriedad han mandado construir una. Su diseño solía dejarse en manos de los artífices y artistas más importantes del momento, como Miguel Ángel, autor de la basílica de San Pedro de Roma.