Esta ilustración renacentista hace referencia a un hecho bíblico narrado en el libro primero de los Reyes. Dos mujeres acudieron ante el rey israelita Salomón para que arbitrara en una disputa que mantenían. Ambas habían tenido un hijo, pero uno de los niños murió y cada una de ellas reclamaba ahora como suyo el que quedaba vivo. Salomón ordenó que el niño fuera cortado por la mitad con una espada y que se entregara a cada mujer una de las mitades. La primera estuvo de acuerdo con esta solución, mientras que la segunda prefirió que no se ejecutara tal sentencia y que el pequeño fuera entregado a su rival. El Rey afirmó entonces que, con certeza, esta última era la verdadera madre del niño, pues, guiada por el amor maternal, había optado por renunciar a su custodia para que conservara la vida. Este famoso pasaje de la Biblia pasó a la posteridad como ejemplo de sabiduría.