No son precisamente las llanuras áridas de Mesopotamia el paisaje en el que Pieter Brueghel el Viejo ubicó su pintura al óleo La Torre de Babel (1563), sino las tierras bajas y fértiles de Flandes. Sin duda, los estudios que muchos artistas realizaron sobre el Coliseo de Roma le proporcionaron el modelo para este edificio de arcos superpuestos. Muchos arqueólogos relacionan el relato bíblico de la Torre de Babel con la caída del famoso templo-torre de Etemenanki en Babilonia, después reconstruido por el rey Nabopolasar y su hijo Nabucodonosor II, y también sugieren que la torre fuera un zigurat, una construcción piramidal escalonada.