El Imperio Británico, comenzó a formarse a finales del siglo XVI mediante empresas comerciales de plantaciones de azúcar, tabaco, tráfico de esclavos y actividades misioneras en Norteamérica y las islas del Caribe. Durante los últimos años del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el Imperio alcanzó su máxima extensión y dominaba regiones de África, Asia y América del Norte.