En 1803, el presidente de Estados Unidos Thomas Jefferson pagó 15 millones de dólares (de los cuales 11.250.000 suponían el pago a Francia de los derechos de cesión de los territorios y los restantes 3.750.000 dólares fueron utilizados para satisfacer las reclamaciones de los ciudadanos estadounidenses contra Francia) por la adquisición de unos 2,1 millones de km2. Esta operación, conocida como la compra de Luisiana, expandió el territorio de esta joven nación y contribuyó a eliminar las tensiones entre los colonizadores que se dirigían hacia el Oeste y las autoridades francesas.