Una de las mayores dificultades de los primeros aspirantes a pilotos era encontrar un motor que fuera a la vez potente y ligero. Muchos modelos, como el de Henson y Stringfellow (mostrado en la imagen), podrían haber volado allá por 1845 con el motor adecuado. Por desgracia, sólo disponían de motores a vapor, que eran demasiado débiles o muy pesados para volar con éxito. Hasta la aparición del motor de gasolina, compacto y ligero, los aviones no conseguirían alzar el vuelo.