La civilización micénica, que floreció después del 1600 a.C. en el extremo suroriental de la península Helénica, enterraba a sus muertos en unas construcciones llamadas tolos. Estas tumbas consistían en una cámara circular cubierta por una especie de cúpula de sección ojival. Una de las más conocidas es la erróneamente llamada Tesoro de Atreo, que alcanza una altura de 12 metros.