En 1916, los aliados trataron de expulsar a los alemanes de los territorios previamente conquistados por los Imperios Centrales. La batalla de Verdún, que comenzó a principios de ese año, minó los recursos naturales y humanos de Francia sin reportar ventajas significativas. Los británicos lanzaron una ofensiva sobre el río Somme (en el norte de Francia) el 1 de julio. Al cabo de pocas horas, 60.000 soldados británicos habían muerto, estaban heridos o habían caído prisioneros. El ataque cesó en el mes de noviembre. La batalla del Somme, en la que únicamente conquistaron unos 11 km, supuso unas bajas de más de 400.000 hombres para los británicos; los franceses perdieron a más de 200.000 soldados y los alemanes, a más de 500.000.