La princesa alemana Sophie Fredericke Auguste von Anhalt-Zerbst contrajo matrimonio con el zar ruso Pedro III y asumió el nombre de Catalina II. A causa del pésimo gobierno del zar y de los malos tratos que recibió de él, Catalina organizó una rebelión que le destronó. Ya como zarina, avanzó en la occidentalización del país iniciada por Pedro I el Grande. Mantuvo correspondencia con librepensadores franceses como Voltaire y Diderot. Sin embargo, Catalina se sintió amenazada por las radicales y democráticas reformas de la Revolución Francesa. Conservó la servidumbre, incrementó los privilegios de la nobleza y aplastó brutalmente las rebeliones que amenazaron su poder.