Cuando una bomba atómica explota, la bola de fuego provoca ondas de choque y de calor que destruyen las construcciones en las proximidades de la explosión. En su ascenso, la bola de fuego aspira los restos y forma una nube en forma de hongo. Los daños pueden extenderse sobre áreas enormes. Por ejemplo el radio de deterioro extremo puede ser de unos 18 kilómetros para una explosión de 10 megatones. Los residuos radiactivos pueden dispersarse por todo el mundo a través de los procesos atmosféricos.