Se aceptó el hombre de Piltdown como un hallazgo arqueológico importante en 1912 porque parecía el puente en la brecha evolutiva entre los monos y los humanos. No fue hasta 1953 cuando, con la ayuda de pruebas de datación con fluorina, se determinó que era una mandíbula de orangután unida a un cráneo humano, ambos medievales. Aquí, Alvan Marston explica que no es el eslabón perdido sino un engaño muy elaborado.