El budismo se introdujo en Japón en el siglo VI d.C., cuando un rey coreano buscó una alianza con el rey del clan Yamato. Para agradar a los japoneses, el rey coreano les obsequió con una estatua de Buda y algunas escrituras sagradas budistas, que calificó como los mayores tesoros que podía enviar. El Daibutsu (Gran Buda) de Kamakura (Japón) fue realizado en bronce en 1252, posiblemente por Ono Goroemon o Tanji Hisatomo (ambos maestros del bronce en aquel tiempo). La estatua mide más de 10 metros y pesa más de 100 toneladas. La figura representa a Amitabha (en Japón adorado con el nombre de Amida), en reposo y desapasionada calma.