Según los Evangelios, el procurador romano de Judea, Poncio Pilatos, no dictó una sentencia de muerte contra Jesucristo después de que el Sanedrín encontrara a éste culpable de blasfemia. Más tarde se entrevistó a solas con el hijo de Dios, quedó impresionado por la dignidad y franqueza de sus respuestas e intentó salvarlo. No obstante, el temor a un levantamiento en Jerusalén hizo que accediera a las demandas populares, de modo que Jesucristo fue finalmente crucificado. El gesto simbólico con que, tal y como recoge el Evangelio de san Mateo, Pilatos pretendió salvaguardar su responsabilidad fue el de lavarse las manos. El miniaturista italiano del siglo XV Cristoforo de Predis representó ese pasaje bíblico en esta ilustración de un códice que se conserva en la Biblioteca Real de Turín, en la cual los personajes aparecen ataviados con los ropajes de la época en que fue pintada la obra.