Hiro-Hito se convirtió en emperador en 1926; su reinado tomó el nombre de Showa (brillante armonía), pero el creciente dominio del gobierno por parte de los militaristas provocó la guerra con China. Aquí se contempla a Hiro-Hito pasando revista a las tropas en 1938. Sin apenas intervenir en las actividades del gobierno, Hiro-Hito dejó a los militares seguir su política expansionista hasta el final de la II Guerra Mundial, cuando intervino para imponer la rendición incondicional ante los aliados y anunció personalmente la rendición a la nación japonesa.