Al igual que muchos cuadros de interiores domésticos holandeses del siglo XVII, La lechera (c. 1659-1660) presenta elementos simbólicos. Aquí la blancura de la leche alude a la pureza y virtudes de la mujer joven. Jan Vermeer se valió de una cámara oscura para captar los efectos de la luz, que luego plasmaría con gran maestría en su obra.