San Agustín aportó un método sistemático de filosofía a la teología cristiana. Enseñó retórica en las antiguas ciudades de Cartago, Roma y Milán antes de su bautizo cristiano en el 387. Sus discusiones sobre el conocimiento de la verdad y la existencia de Dios se inspiraron en la Biblia y en los filósofos de la Grecia clásica. Gran defensor del catolicismo romano, san Agustín desarrolló muchas de sus doctrinas mientras intentaba resolver los conflictos teológicos entre el donatismo y el pelagianismo, dos movimientos heréticos cristianos.