El pilotaje rápido y siempre inteligente de Álex Crivillé le condujo a la consecución del Campeonato del Mundo de 125cc en 1989. Posteriormente subió a la cilindrada de 250cc y, en 1992, a la de 500cc. En esta última, sólo la absoluta hegemonía impuesta por el australiano Michael Doohan desde 1994 le impidió alcanzar el cetro mundial. En la imagen, Crivillé toma una curva durante el Gran Premio de Francia de 1997.