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El filósofo de origen alemán Herbert Marcuse huyó de su país en 1933 y se instaló en Nueva York. Pero su fama no dejó de crecer en Europa. En esta grabación, el propio Marcuse muestra su extrañeza ante su prestigio en Alemania: "A decir verdad, me sorprendió mucho la resonancia que tuve en Berlín. Antes de venir a Europa no tenía ni idea de ello, pues no leía la prensa alemana. Me sorprende mucho que mis escritos y mi pensamiento sean tan famosos en Alemania".
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