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Considerado como una de las más bellas composiciones de la lírica universal, en el poema épico Paraíso perdido destacan, por ejemplo, los parlamentos de Satanás.
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«¿Es ésta la región», dijo el precito
arcángel; «éste es el país, el aura
y hogar que á trueque se nos da del cielo?
¿por la celeste luz noche de llanto?–
¡Sea! ¡que el rey de ahora mandar puede
cuanto le plazca, y justo ha de ser ello!
Cuanto más lejos de él, mejor: formóle
Razón idéntico á los otros: Fuerza
le ha sobrepuesto excelso á sus iguales.–
¡Adiós, campos de dicha donde reina
sin fin placer! ¡Salud, horrores! ¡Salve
mundo infernal! y tú, tartáreo abismo,
á tu dominador nuevo recibe:
á uno con espíritu al que el sitio
no muda ni los tiempos: el espíritu
vive dentro de sí, dentro á sí puede
hacer cielo el infierno, infierno el cielo.
¿Qué á mí el lugar, si soy yo el mismo siempre?
si lo soy todo yo, menos tan sólo
que aquel á quien el trueno ha levantado.
Aquí, siquiera, habremos de ser libres:
no hizo el Omnipotente esta morada,
para de ella lanzarnos envidioso.
Aquí seguros imperar podremos;
y para mí el reinar es ansia noble,
bien que en el orco sea; pues más vale
rey ser del orco que en el cielo esclavo.–
Empero, á los amigos generosos,
á los partícipes de nuestra ruina,
¿yacer anonadados dejaremos
del olvido en el lago? ¿Con nosotros
á compartir esta mansión llorosa
no los invitaremos? ¿ó á reunirse
con nos, porque intentemos nuevamente
si algo por recobrar queda en el cielo
ó algo más que perder en el abismo?»
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También en Encarta |
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Fuente: Jünemann, Guillermo. Antología universal. Friburgo: Herder, 1910.
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John Milton
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