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La famosa obra del padre Isla Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes es una narración novelesca cuya escasa acción sirve de pretexto a una divertida sátira contra la oratoria de la época, llena aún de degenerados usos culteranos.
En que se parte el capítulo quinto, porque ya va largo.
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También en Encarta |
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I. Pues con este cuidado que el maestro tenía de Gerundico, con la aplicación del niño y con su viveza e ingenio, que realmente le tenía, aprendió fácilmente y presto todo cuanto le enseñaban. Su desgracia fué, que siempre le deparó la suerte maestros estrafalarios y estrambóticos, como el Cojo, que en todas las facultades le enseñaron mil sandeces, formándole desde niño un gusto tan particular a todo lo ridículo, impertinente y extravagante, que jamás hubo forma de quitársele, y aunque muchas veces encontró con sujetos hábiles, cuerdos y maduros, que intentaron abrirle los ojos para que distinguiese lo bueno de lo malo (como se verá en el decurso de esta puntual historia), nunca fúe posible apearle de su capricho: tanta impresión habían hecho en su ánimo los primeros disparates. El Cojo los inventaba cada día mayores; y habiendo leído en un libro que se intitula Maestro del maestro de niños, que éste debe poner particular cuidado en enseñarlos la lengua propia, nativa y materna, con pureza y con propiedad, por cuanto enseña la experiencia que la incongruidad, barbarismos y solecismos con que la hablan toda la vida muchos nacionales, dependen de los malos modos, impropiedades y frases desacertadas que se les pegan cuando niños, él hacía grandísimo estudio de enseñarlos a hablar bien la lengua castellana. Pero era el caso que él mismo no la podía hablar peor; porque, como era tan presumido y tan exótico en el modo de concebir, así como había inventado extravagantísima ortografía, así también se le había puesto en la cabeza que podía inventar una lengua, no menos extravagante.
Fuente: Jünemann, Guillermo. Historia de la Literatura Española y Antología de la misma. Friburgo: Herder, 1913.
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José Francisco de Isla
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