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El escritor y militar portugués Francisco Manuel de Melo describe en este fragmento de su principal obra el carácter de la población catalana del siglo XVII.
CARÁCTER DE LOS CATALANES DEL SIGLO XVII
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Son los catalanes (por la mayor parte) hombres de durísimo natural; sus palabras pocas, á que parece les inclina también su propio lenguaje, cuyas cláusulas y dicciones son brevísimas; en las injurias muestran gran sentimiento, y por eso son inclinados á venganza; estiman mucho su honor y su palabra, no menos su exención; por lo que entre las más naciones de España son amantes de su libertad. La tierra, abundante de asperezas, ayuda y dispone su ánimo vengativo á terribles efectos con pequeña ocasión; el quejoso ó agraviado deja los pueblos y se entra á vivir en los bosques, donde en continuos asaltos fatiga los caminos; otros, sin más ocasión que su propia insolencia, siguen á estotros; éstos y aquéllos se mantienen por la industria de sus insultos. Llaman comúnmente andar en trabajo aquel espacio de tiempo que gastan en este modo de vivir, como en señal de que le conocen por desconcierto: no es acción entre ellos reputada por afrentosa; antes al ofendido ayudan siempre sus deudos y amigos. Algunos han tenido por cosa política fomentar sus parcialidades por hallarse poderosos en los acontecimientos civiles. Con este motivo han conservado siempre entre sí los dos famosos bandos de Navarros y Badells, no menos celebrados y dañosos á su patria que los Güelfos y Gibelinos de Milán, los Pafos y Médicis de Florencia, los Beamonteses y Agramonteses de Navarra y los Gamboinos y Oñacinos de la antigua Vizcaya...
Es el hábito común acomodado á su ejercicio: acompáñanse de arcabuces cortos, llamados pedreñales, colgados de una ancha faja de cuero, que dicen charpa, atravesada desde el hombro al lado opuesto, los más desprecian las espadas como cosa embarazosa á sus caminos; tampoco se acomodan á sombreros; mas en su lugar usan bonetes de estambre listados de diferentes colores, cosa que algunas veces traen como para señal, diferenciándose unos de otros por las listas; visten larguísimas capas de jerga blanca; resistiendo gallardamente al trabajo con que se reparan y disimulan; los calzados son de cáñamo tejido, á que llaman sandalias; usan poco el vino; y con agua sola, de que se acompañan guardada en vasos rústicos, y algunos panes ásperos que se llevan siempre pasados del cordel con que se ciñen, caminan y se mantienen los muchos días que gastan sin acudir á los pueblos.— (Guerra de Cataluña.)
Fuente: Soldevilla, Fernando. Bellezas literarias. Madrid: Imprenta de Ricardo Rojas, 1909.
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Guerra de Cataluña
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