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En la primera de sus epístolas, san Pedro refiere una serie de consejos sobre el amor en el matrimonio y entre los hermanos.
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1 Asimismo las mujeres sean obedientes a sus maridos: a fin de que con eso si algunos no creen por medio de la predicación de la palabra, sean ganados sin ella por sólo el trato con sus mujeres, 2 considerando la pureza de la vida que llevan, y el respeto que les tienen. 3 El adorno de las cuales no ha de ser por de fuera con los rizos del cabello, ni con dijes de oro, ni gala de vestidos: 4 la persona interior escondida en el corazón, es la que se debe adornar con el atavío incorruptible de un espíritu de dulzura, y de paz, lo cual es un precioso adorno a los ojos de Dios. 5 Porque así también se ataviaban antiguamente aquellas santas mujeres, que esperaban en Dios, viviendo sujetas a sus maridos. 6 Al modo que Sara era obediente a Abraham, a quien llamaba su señor: de ella sois hijas vosotras, si vivís bien, y sin amedrentaros por ningún temor. 7 Maridos, vosotros igualmente habéis de cohabitar con vuestras mujeres, tratándolas con honor, y discreción como a sexo más flaco, y como a coherederas de la gracia de la vida eterna: a fin de que nada estorbe el efecto de vuestras oraciones.
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También en Encarta |
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8 Finalmente, sed todos de un mismo corazón, compasivos, amantes de los hermanos, misericordiosos, modestos, humildes: 9 no volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, antes al contrario, bendiciones: porque a esto sois llamados, a fin de que poseáis la herencia de la bendición celestial. 10 Así, pues, el que de veras ama la vida, y quiere vivir días dichosos, refrene su lengua del mal, y sus labios no se despleguen a favor de la falsedad. 11 Desvíese del mal, y obre el bien: busque la paz, y vaya en pos de ella: 12 pues el Señor tiene fijos sus ojos sobre los justos, y escucha propicio las súplicas de ellos: Al paso que mira con ceño a los que obran mal.
Fuente: Sagrada Biblia. Traducida al castellano por Félix Torres Amat. Madrid: Apostolado de la Prensa, 1928.
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San Pedro
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