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Carta de la reina Isabel de Castilla

En esta carta, la Reina pide a fray Hernando de Talavera, su confesor y arzobispo de Granada, que la escriba.

Fragmento de Cartas.

De Isabel I de Castilla.

Tales son vuestras cartas, que es osadía responder á ellas, porque ni basto ni sé leerlas como es razón; más sé cierto que me dan la vida y que no puedo decir ni encarecer, como muchas veces digo, cuánto me aprovechan: tanto, que no es razón de cansar ni dejarlas, sino escribir con cuantos acá vinieren. Y querría yo que aun más las extendiésedes, y más particularmente de cada cosa, y de todas las cosas que hubiesen de negocios, ansí como lo que estamos agora con el Rey de Portugal sobre lo que toca á aquellas islas que halló Colón, y sobre ellas mesmas que decís que nunca os escrebí, y sobre lo que escrebís de los casamientos de nuestros hijos, que es lo que os parecerá mejor: aunque de la Princesa no es de hacer cuenta, porque está determinada de no casar, y el Rey, mi Señor, desde agora un año le aseguró de no mandárselo, y yo desde antes estaba en no mudar su buena voluntad.

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Y no sólo en estos negocios que son los mayores: en todos los de nuestros reinos, y de la buena gobernación dellos, querría que particularmente me escribiésedes en todo vuestro parecer: y ya ha muchos días que yo deseo escrebiros esto, y dejábalo porque me parecía que os excusábades de todo. Y agora me dió ocasión lo que me decís que nunca os he escrito de las Indias, de que tomé que no os pesara que os escriba así aquellas cosas: y dello y de otras muchas hubiera escrito y pescudado, si supiera esto. Algo ha estorbado á esto el poco espacio que tengo para escribir, y que recibo pena en ello desta manera, que querría tanto decir, y teniendo tan poco espacio, confúndese el entendimiento, de manera que sé muy menos de lo que sabría con más espacio, y dejo de decir mucho de lo que querría, y lo que digo muy desconcertado. Y esto me pena: que si tuviese espacio, sin duda que no hay pasatiempo en que yo más huelgue; y aun así como es, será descanso para mí, si yo pienso que vos sufrís sin pena mis cartas, aunque vayan tan desconcertadas, y alargaré más en ellas. Y en lo que yo no pudiera daquí adelante, de mano de Fernán Alvarez os haré saber todas las cosas principales, para que sepamos en ellas vuestro parecer.

Y esto os ruego yo mucho: que no excuséis de escrebir vuestro parecer en todo en tanto que nos vemos. Ni os excuséis con que no estáis en las cosas, y que estáis ausente, porque bien sé yo que ausente será mejor el consejo que de otro presente. Y no hubo nadie, presentes ni ausentes, que ansí como vos en ausencia supiese sentir y loar la paz por tantas y tales razones, ni ansí decir ni enseñar las gracias que habíamos de hacer á Dios por ella y las otras mercedes, cual plega á Dios por su bondad que hagamos...; ni quien así tan bien reprendiese de lo que se debía reprender de la demasías de las fiestas: que es todo lo mejor dicho del mundo, y muy conforme mi voluntad con ello; ni quien en todo lo otro así hablase ni aconsejase como vos en vuestras cartas. Y por esto vuelvo todavía á rogar y encargar que lo queráis hacer como lo pido, que no puedo recibir en cosa más contentamiento: y recíbolo tan grande en lo que he dicho que reprehendéis, y es tan sanctamente dicho, que no querría parecer que me desculpo.

Fuente: Agustí, Vicente. Modelos de literatura castellana. Barcelona: Imprenta de Francisco Rosal, 1901.

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