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La contienda contra la Iglesia que protagonizó Luis IV de Baviera fue destructora para ambas partes.
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En esta breve ojeada hemos de renunciar á describir las alternativas por que pasaron la Iglesia y el Imperio en aquella lucha, igualmente destructora para ambos. La contienda, que se envenenaba todavía más por la dependencia de Francia en que vivía el Papa, se condujo por ambas partes con la más extremada acerbidad y del modo más escandaloso que imaginarse puede; «escandaloso por parte de la potestad eclesiástica, que se enfureció irreconciliablemente, sin medida, sin dignidad, sin caridad; y escandaloso por parte de la potestad política, la cual combatió con tenaz encono, atreviéndose á todo á pesar de su timidez, no desechando el auxilio, ni aun de la más miserable demagogia, y desperdiciando todas las crisis saludables que se ofrecieron, por efecto de su enervada inconstancia». La prolija duración de aquella violenta lucha había de socavar el orden del modo más grave, en la Iglesia y en el Estado, y menoscabar gradualmente el prestigio de ambas potestades. Juan XXII, incansablemente activo hasta su fin, murió de edad avanzada, á 4 de Diciembre de 1334; dejó reunido un considerable tesoro, y su gótico mausoleo de la catedral de Aviñón, es todavía actualmente, á pesar de las mutilaciones que ha sufrido, una construcción imponente.
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También en Encarta |
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Fuente: Pastor, Ludwig. Historia de los papas. Barcelona: Gustavo Gili, 1910.
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Luis IV de Baviera
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