|
El fastuoso y liberal antipapa Clemente VII dependía por completo del rey de Francia.
 |
A la verdad, el antipapa, desde el primer día de su gobierno, tenía puestas en Francia todas sus esperanzas. Su sumisión para con el Rey era ilimitada, y no sólo cumplía todos sus deseos, sino que procuraba anticiparse á ellos. Singularmente expresa la estrecha relación que unía á Clemente VII con la Casa real de Francia, el hecho de haber puesto el antipapa, en el reverso de sus bulas de plomo, las flores de lis francesas. En este estado de cosas, el clero francés tuvo que sufrir terriblemente; pues la Corona necesitaba, para sus empresas políticas, tan grandes sumas de dinero como el fastuoso y liberal antipapa; y á todo ello había de subvenir el clero francés que, por este camino, venía á quedar abandonado á las extorsiones de ambas cortes. Cuán francés se sintiera Clemente VII, y cuán absolutamente se hubiera extinguido en él el sentimiento de la libertad é independencia de su posición, lo muestra claramente la circunstancia de haber concedido al duque Luis de Anjou la mayor parte de los Estados de la Iglesia (solamente reservó á la Santa Sede, Roma, la Campania, el Patrimonio y la Sabina), como reino de Adria, con la condición de que expulsara á Urbano VI. Traición semejante contra los Estados de la Iglesia, era cosa inaudita; y sólo era capaz de cometerla «el verdugo de Cesena», el hombre «de ancha conciencia», como le llama el historiador del cisma.
 |
|
También en Encarta |
|
 |
|
|
|
|
Fuente: Pastor, Ludwig. Historia de los papas. Barcelona: Gustavo Gili, 1910.
Aparece en
Clemente VII (antipapa)
|