Lectura adicional de Encarta Aparece en
El Gran Cisma de Occidente

El Gran Cisma de Occidente, que en 1378 dividió a la Iglesia católica, provocó además la dependencia de los papas respecto del poder civil.

Fragmento de Historia de los papas.

De Ludwig Pastor.

Sólo podemos medir la grandeza de las desgracias que arrojó sobre la Iglesia el cisma de 1378, la más larga de las excisiones que recuerda la Historia de los Papas, reflexionando que aquella división ocurría en un momento cuando ninguna cosa era más necesaria que una extensa y eficaz reforma de las cosas eclesiásticas. Con el cisma no era posible pensar en ella, y todos los daños que se habían introducido en la vida eclesiástica, se multiplicaron por el contrario, hasta lo infinito, por efecto de la excisión. Más que todo sufrió el prestigio de la Santa Sede; pues el cisma hacía á los dos papas dependientes del Poder civil, como no lo habían estado en tiempo alguno, por cuanto daba á cada uno de los príncipes facultad para reconocer por Papa al que quisiera. Principalmente Clemente VII, por su bajo servilismo con los príncipes, y sus extorsiones de dinero, perjudicó en gran manera la estimación de la dignidad papal; pero á los ojos del pueblo, el simple hecho de la existencia de dos papas, debía sacudir hasta lo más profundo los cimientos de la autoridad de la Sede Apostólica. La larga duración de aquel terrible estado, hacía sus efectos todavía más destructores; y los papas, para conservar y extender el distrito de su obediencia, se veían precisados á hacer á los príncipes temporales importantes y amplias concesiones; en muchos conceptos se extendieron considerablemente los derechos de los soberanos territoriales á costa de la autoridad eclesiástica; y por otra parte, los príncipes los usurpaban por sí mismos en muchos casos, doblegando á la Iglesia bajo su potestad y arrogándose nuevas atribuciones. Entonces comenzó el abuso del placet; la autoridad temporal resolvía, si una bula pontificia debía ser ó no publicada y cumplimentada; por otra parte crecía la potestad de los príncipes en las cosas eclesiásticas, al mismo paso que decaía la de los papas, y bien se puede decir, que ningún acaecimiento preparó tan eficazmente la gran decadencia que sufrió el Pontificado en el siglo XVI, como el cisma que dividió la Iglesia por más de media centuria.

También en Encarta

Fuente: Pastor, Ludwig. Historia de los papas. Barcelona: Gustavo Gili, 1910.

Aparece en

Gran Cisma de Occidente

© 2008 Microsoft