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Los esfuerzos del pontificado de Gregorio XII estuvieron dirigidos a la reunificación de la Iglesia.
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No fué la menor de las causas que movieron á la elección de Gregorio XII, la circunstancia de tenérsele por un celoso partidario del restablecimiento de la unidad de la Iglesia; y en efecto, en los primeros tiempos después de su elección, mostró un ardiente entusiasmo por aquella grande incumbencia. Aseguraba, á los que le rodeaban, que estaba dispuesto, para el restablecimiento de la unión, á ir, á pesar de su edad, «aunque fuera peregrinando á pie con un báculo en la mano, ó navegando por el mar en una desnuda nave, á encontrarse con Benedicto». Así en sus encíclicas como en sus demás epístolas, se expresaba de suerte, que no daba lugar á duda ninguna sobre la pronta realización de la unidad; y en su hermoso escrito á su contrincante, hacíale presente, que no se debía disputar ya más acerca del derecho, sino imitar á quella mujer del Antiguo Testamento, que quiso de mejor gana renunciar el derecho que á su hijo tenía, que permitir que éste fuera dividido. Cuando pues, también Benedicto XIII, en su respuesta á dicho escrito, se ofreció resueltamente á la cesión bajo las mismas condiciones que Gregorio, parecía asegurado el restablecimiento de la unidad eclesiástica. Desgraciadamente sólo lo parecía. La embajada que Francia envió á ambos papas para explorar más de cerca sus sentimientos, demostró que Gregorio XII, debilitado por la edad é influído por sus parientes, tomaba aquellas palabras tan poco en serio como su rival. El júbilo de Gerson había sido prematuro; se andaba litigando de una y otra parte sobre el sitio donde debían reunirse ambos papas, y se hacían las más diversas proposiciones; pero la entrevista no llegó realizarse, aunque Gregorio XII y Benedicto XIII se acercaron hasta pocas millas de distancia.
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Fuente: Pastor, Ludwig. Historia de los papas. Barcelona: Gustavo Gili, 1910.
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Gregorio XII
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