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El Concilio de Constanza puso de manifiesto las diferencias a la hora de abordar la reforma y unificación de la Iglesia.
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La constitución eclesiástica es un organismo, en el cual no se puede reformar una parte sin que se sientan los resultados en la totalidad; mas la inmensa mayoría de los congregados en Constanza pretendían solamente la supresión de algunos abusos perniciosos, y la tutela de ciertos asuntos especiales; los intereses particulares sofocaban la solicitud por el bien común. Ningún estado quería empezar por poner la mano en su propia reforma, y cada uno pretendía acometerla primero á costa de los demás. Ruda oposición se manifestaba entre los intereses de los empleados curiales y los obispos; entre el clero regular y secular; entre los obispos y las Universidades; y en este choque de tendencias diversas, no había que pensar en una acción unánime; lo cual no se ocultaba á los contemporáneos. Un orador eclesiástico caracterizaba clara y distintamente en Costanza, en 1416, las condiciones fundamentales de una reforma general, insistiendo en que: «Sería un buen fundamento para restituir la Iglesia á su debida hermosura, el que cada estado reconociera lealmente sus propias faltas, sin disimulación, sin engañarse á sí mismo, sin disculparse; y se resolvieran á su propia reforma, no sólo con la boca, sino con el corazón y con las obras; pues un gran impedimento de la reforma de la Iglesia consiste en que cada estado pone en último término sus propias faltas y desórdenes, para no fijarse en ellos, cerrando los ojos para no ver, tapándose los oídos para no oir, ocultando todo lo que puede, disculpando cuanto puede y sobredorando cuanto le es posible. Con lo cual hacen como si huyeran de la presencia de Dios misericordioso, que de otra suerte estaría dispuesto á apiadarse de ellos.
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También en Encarta |
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Fuente: Pastor, Ludwig. Historia de los papas. Barcelona: Gustavo Gili, 1910.
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Concilio de Constanza
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