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Elección papal de Alejandro VI

La elección del papa Alejandro VI es recordada como una de las escenas más señaladas de las infaustas maniobras de los Borgia.

Fragmento de Historia de los papas.

De Ludwig Pastor.

El conclave comenzó el 6 de agosto; y por de pronto se estableció una capitulación para la elección, empezando luego la lucha electoral. Por mucho tiempo permaneció ésta indecisa; tres escrutinios se verificaron sin fruto, según refiere el 10 de agosto el embajador florentino, que pertenecía a la guardia del conclave; y Caraffa y Costa eran los que tenían más probabilidades. Ambos eran varones hábiles y Caraffa además una persona eminente; su elección, o la de Costa, hubiera sido una extraordinaria felicidad para la Iglesia; pero, desgraciadamente, se cambió de súbito la situación. Como viera Ascanio Sforza que no había posibilidad de ser él elegido Papa, dió oído a las brillantes promesas que le hacía Borja, ofreciéndole, no sólo el cargo de Vicecanciller y su propio palacio, sino también el castillo de Nepi, el obispado de Erlau, que producía 10.000 ducados, y otros beneficios. Al cardenal Orsini, le fueron ofrecidas las fuertes e importantes ciudades de Monticelli y Soriano, la Legación de la Marca, y el obispado de Cartagena; al cardenal Colonna, la abadía de Subiaco con todos los lugares fuertes que la rodeaban; a Savelli, Civita Castellana y el obispado de Mallorca; a Pallavicini, el obispado de Pamplona; a Juan Michiel, el obispado suburbicario de Porto; a los cardenales Sclafenati, Sanseverino, Riario y a Doménico della Róvere, se les aseguraron ricas abadías y pingües beneficios. Con el voto de Borja y los de los cardenales Ardicino della Porta y Conti, que pertenecía al partido de Sforza, llegó a disponer por medio de estos simoníacos manejos, de hasta 14 votos. Faltaba por consiguiente uno sólo para la mayoría de los dos tercios; pero éste era muy difícil alcanzarlo. Los cardenales Caraffa, Costa, Piccolomini y Zeno, no se dejaron ganar por las más espléndidas promesas; y a ellos seguía el joven Juan de Médicis. A Juliano della Róvere, que por ningún precio quería consetir en la elección de Borja, se agregó el cardenal Basso; y tampoco Lorenzo Cibo tomó parte alguna en aquellas ilícitas negociaciones. Quedaba, por consiguiente, sólo el anciano Gherardo; y este hombre, ya apenas responsable de sus actos a causa de sus 95 años, se dejó ganar por los que le rodeaban, dando así el golpe decisivo en favor de Borja. En la noche del 10 al 11 de agosto de 1492 tuvo lugar esta resolución, y en la madrugada del día siguiente se abrió la ventana del conclave, y se anunció, que el Vicecanciller Rodrigo de Borja había sido elegido Papa Alejandro VI.

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Fuente: Pastor, Ludwig. Historia de los papas. Barcelona: Gustavo Gili, 1910.

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Alejandro VI

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