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La estancia de Heliodoro

El genio de Rafael brilló con el apoyo del papa Julio II.

Fragmento de Historia de los papas.

De Ludwig Pastor.

La manera con que Rafael sobrepujó todas las esperanzas, en el desempeño del primer encargo del Papa, movió á éste á confiar al mismo artista la decoración del aposento contiguo que recibió más adelante el nombre de Stanza de Heliodoro. Al principio se habían proyectado escenas del Apocalipsis que se combinaran con las pinturas ejecutadas en el techo por Baltasar Peruzzi; arriba, en las escenas del Antiguo Testamento se glorificaba á Dios como bondadoso amigo para sus amigos; debajo, en las paredes, se le debía representar como terrible enemigo para sus enemigos. Todo el ciclo de frescos estaba en íntima relación con los acaecimientos de la vida del Papa: en las figuras del techo (Noé, Abraham, Jacob y Moisés) se encarnaba su inconmovible fe en el triunfo cierto de su santa causa; en las paredes se trataba de poner la representación de los castigos que, según su firme persuasión, sobrevendrían infaliblemente contra los enemigos de la Santa Sede en el orden político y eclesiástico. Esto se debía hacer con adaptación á las interpretaciones del Apocalipsis contenidas en cierto libro del dominico Juan Nanni, dedicado al Papa Sixto IV, que se reimprimió repetidas veces en tiempo de Julio II. Cuatro épocas de la Historia eclesiástica se distinguen allí, conforme al misterioso Apocalipsis: la primera está bajo el signo de los siete sellos; la segunda bajo el de las siete trompetas. Dos dibujos al claro-obscuro recientemente descubiertos en las líneas de las ventanas de la estancia de Heliodoro, así como un dibujo muy discutido que se halla en el Louvre, nos certifican haberse hecho ya bocetos para la representación de las profecías apocalípticas relativas á aquellos dos períodos. El primer claro-obscuro simboliza el principio del Apocalipsis (I, 12-20): San Juan está caído en tierra, lleno de espanto, pues ante él se aparece en un trono, ante dos candeleros encendidos, Cristo, con avasalladora majestad, en traje de Sumo Sacerdote, teniendo en su diestra siete estrellas, mientras de su boca procede una espada de dos filos. En el segundo claro-obscuro, un poderoso ángel, con «pies como columnas de fuego», y un arco iris sobre la cabeza, desciende del cielo y entrega á San Juan un libro, mandándole anunciar su contenido (Apoc., X, 1-2). El dibujo del Louvre estaba destinado para adornar la pared donde se pintó luego la Misa de Bolsena; y conforme al octavo capítulo del Apocalipsis, representa el instante después de abrirse el último sello del libro del destino. El humo del incienso que sube del altar ha llegado hasta Dios; esto es, las súplicas de los santos (con los cuales une también sus oraciones el Papa, puesto de hinojos á un lado, de la misma manera que se pintó después en la Misa de Bolsena), para que Dios castigue á los enemigos de su causa, han sido escuchadas. Un ángel derrama sobre la tierra el fuego de los divinos castigos; otros siete ángeles reciben de Dios trompetas y comienzan á publicar con ellas que se ha derramado la ira de Dios.

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Fuente: Pastor, Ludwig. Historia de los papas. Barcelona: Gustavo Gili, 1910.

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