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Las energías del cielo y la tierra se unen en el cuadro de Rafael La disputa del sacramento.
Sólo teniendo en cuenta las doctrinas de la fe católica, se puede alcanzar una verdadera inteligencia de esta creación magnífica de Rafael; y quien tuviera cerrada ó ignorada la doctrina de la Iglesia, no es posible deje de errar en aquella explicación. Sólo así se comprende, que renombrados investigadores del arte hayan reprendido, en lo tocante al efecto total del cuadro, que ninguna de sus mitades predomine por la masa, y ninguna se imponga como propiamente esencial. Precisamente en esto que se reprende, está el más elevado mérito de la obra, la cual representa de un modo exquisito la doctrina de la católica fe. El Santísimo Sacramento es, por su misma esencia, sacramento de unidad, como lo explican todos los grandes teólogos, principalmente Santo Tomás de Aquino.
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También en Encarta |
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Exactamente el mismo Cristo es el que aparece arriba en el cielo y abajo en la tierra como sacramento. Arriba todo se junta en torno del Hijo de Dios hecho hombre y transfigurado en su forma paciente; todo lo demás, hasta el mismo Dios Padre y el Espíritu Santo, están allí presentes en gracia del Hijo. Mas lo que está arriba, se refleja también abajo, y la diferencia sólo consiste en que abajo el gran misterio se halla velado y hecho objeto de la fe: bajo un signo sensible está oculta toda la vida celestial; pero en este signo se contiene lo mismo que se ve arriba: el Hijo de Dios hecho hombre, y por efecto de la unidad de la naturaleza divina, no menos el Padre y el Espíritu Santo, y en torno de ellos, adorándolos, toda la corte de los ángeles y de los Santos.
De esta suerte se ofrece á los ojos de quien contempla la «Disputa», la más bella y suprema unidad: en la parte superior la glorificación de todo el amor y toda la vida del Antiguo y el Nuevo Testamento, en la visión de Dios uno y trino; abajo la glorificación de todas las ciencias y las artes, por la firme fe en la presencia real del Redentor en el Santísimo Sacramento. De esta suerte todas las energías del cielo y de la tierra se presentan armónicamente determinadas y movidas en torno del único verdadero centro; como encima del firmamento, así giran también debajo de él todas las aguas de la vida, «como en un rotundo vaso, desde el centro hasta la periferie, y luego de nuevo hacia el centro».
Fuente: Pastor, Ludwig. Historia de los papas. Barcelona: Gustavo Gili, 1910.
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Rafael
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