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Este fragmento del libro Arquitectura carolingia y románica 800/1200, de Kenneth John Conant, uno de los máximos especialistas en arquitectura románica y prerrománica, trata de la importancia que tuvieron las rutas de peregrinación como fenómeno social en la formación de las tipologías arquitectónicas durante la edad media.
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La piedad y los caminos abiertos favorecieron extraordinariamente a la arquitectura en la segunda mitad del siglo XI. En aquellos tiempos, las colecciones de reliquias abundaban en toda Europa occidental, y por doquier había sepulcros venerados. Pero Jerusalén, Roma y Santiago atraían mareas de peregrinos devotos desde los lugares más remotos, hasta el punto de que, en las rutas de peregrinación —y muy especialmente en el camino de Santiago, donde los palmeros eran tan numerosos que llegaron a desarrollar cierto sentido del compañerismo—, hospicios y monasterios tuvieron que organizarse para atenderlos. Las peregrinaciones, en efecto, nos aparecen como un atractivo fenómeno social de la época. Aymery Picaud, Fidel Fita, Joseph Bédier, Georgiana Goddard King, Arthur Kingsley Porter, Luis Vázquez de Praga, José María Lacarra, Juan Uría Ríu, Jesús Carro García han escrito sobre su poesía, su fascinante leyenda, su pujante vida y su hermosa arquitectura. Evocarlas nos hace envidiar al caballero de Chaucer, camino, naturalmente, de Canterbury:
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Syngynge hes was, or floytynge, al the day
He was as fresshe as in the month of May.
Alegra el corazón pensar en lo que Kingsley Porter llamaba «aquellos largos, pero deliciosos kilómetros» de camaradería con «las miríadas de seres humanos que hacían a pie leguas interminables para poner su gratitud y su remordimiento, su riqueza y sus pecados a los pies del Apóstol». Con profunda sensibilidad reconoció y expresó «la vitalidad interior, no sé si poética o espiritual, pero aún llena de fuerza en Santiago, y de imperecedera belleza».
El antiguo monumento que en 813 fue reconocido (con qué fundamento, no sabemos) como el sepulcro de Santiago el hijo de Zebedeo atrajo peregrinaciones locales de las que tenemos noticia ya desde 844. Por entonces existía en Compostela un monasterio benedictino. En 860, la festividad de Santiago, el 25 de julio, figuraba en el martirologio de la catedral de Metz. Este es un hecho de suma importancia, pues a Metz venían eclesiásticos de todo el Imperio y de Inglaterra para estudiar en la gran escuela de canto romano que allí existía. Así empezó pronto a desarrollarse un peregrinaje internacional a Santiago. Ya en 893 tenemos noticias de los preparativos para un hospicio. En 951 Godescalc, obispo de Le Puy, hizo la peregrinación desde Francia, acompañado por cerca de 200 monjes. En esta época el pequeño reino de León tenía aspiraciones de dominio, y el obispo de Santiago, ya en 979, tenía el título de «Obispo de la Sede Apostólica», aunque sin pretender realmente competir con Roma. En 997, Santiago fue víctima de una importante y arrasadora incursión del gran guerrero musulmán Almanzor. Las peregrinaciones continuaron a pesar de esos peligros que amenazaban por el sur, y a pesar de las guerras locales en los reinos cristianos y de los ataques a las costas de los piratas moros y normandos.
Produce estremecimiento ver y hojear el manuscrito clásico de la Peregrinación, el códice seudo-Calistino del siglo XII, que contiene la Guía del Peregrino de Aymery Picaud (Libro V), seguida de una serie de libros sobre los Oficios de la iglesia de Compostela, los Milagros de Santiago (atribuido al papa Calixto II), la Crónica de la Vida y Traslado de Santiago, y la Crónica de la Expedición de Carlomagno a España (atribuida al arzobispo Turpin).
Las atribuciones son falsas, naturalmente, como la afirmación de que el libro fue «recibido» primero en Roma; pero sí es posible que, como dice el colofón fuera «escrito en diversos lugares —Roma, Jerusalén, Galia, Italia, Germania, Frisia y especialmente en Cluny». Contiene cartas apócrifas de Calixto II y una de Inocencio II que lo fecha en 1138. El autor, que reconoce él mismo (libro I, cap. XVII) que «las iniquidades y fraudes de todo tipo abundan en la ruta de los santos», tomó prestados grandes nombres para dar prueba de la autenticidad de su obra.
Desgraciadamente, el colofón ha inducido a la suposición, bastante general, de que la peregrinación fue fomentada por el abad de Cluny para su propio provecho, y los amantes del viejo monasterio borgoñón se alegrarán de saber que ha sido ahora eximido de este cargo. Hay una frase en el Capítulo XIII del Libro IV donde se dice que, en una comparación entre el clero regular, los monjes y abades «negros» y los canónigos regulares «blancos», estos últimos meliorem sanctorum sectem tenent: es decir, que atribuye superioridad a los canónigos sobre los monjes cluniacenses y otros benedictinos. La frase no pudo ser escrita en Cluny. Los cluniacenses estaban por entonces muy susceptibles, pues no hacía mucho tiempo que San Bernardo, en la reprobatoria Apología a Guillermo de Saint-Thierry, había estigmatizado a los monjes de Cluny (1124); además, en 1132 el abad Pedro el Venerable había rectificado las observancias cluniacenses.
Las rutas de peregrinación fueron, necesariamente, las grandes vías de comunicación, y en cualquier caso habría habido en ellas monasterios y hospicios. Aymely Picaud indica otros establecimientos en diversos lugares donde Cluny tenía prioratos; la propia Cluny no estaba situada en ninguna de las Rutas, y las casas descritas como cluniacenses en España tenían meramente alguna relación con la abadía borgoñona por su fundación, reforma, costumbres o personajes eclesiásticos. Pero es indudable que Cluny favoreció la peregrinación, y aún más la cruzada española para la reconquista de la península. Cluny tenía amigos influyentes en España: ante todo Alfonso VI, una de cuyas esposas (Constanza) era sobrina del abad Hugo. Cluny suministró grandes clérigos a la reforma y expansión de la Iglesia en España a medida que los estados cristianos volvían sus ojos hacia los centros latinos de civilización mientras iban haciendo avanzar sus fronteras hacia el sur. Muchos caballeros borgoñones tomaron parte en esta reconquista, tanto en España como en Portugal.
Una vez que hemos comprendido mejor el papel de Cluny en la Peregrinación, queda por decir que las investigaciones de M. Élie Lambert han demostrado que muchas otras órdenes, además de la de Cluny, tenían numerosos prioratos en las rutas de peregrinación. Todo el conjunto de los establecimientos que brindaban hospitalidad estaba racionalmente repartido a lo largo de las rutas, a intervalos de unas veinte millas: una cómoda jornada de viaje. Hemos de suponer que a este respecto existió un acuerdo, instintivo o tácito, como existe hoy día entre los principales abastecedores de servicios en las carreteras. Había sitio para todos: cluniacenses, agustinos, hospitalarios, cofradías y benefactores particulares.
Fuente: Conant, Kenneth John. Arquitectura carolingia y románica 800/1200. Madrid: Ediciones Cátedra, 1987.
Aparece en
Edad media; Románico (arte y arquitectura); Peregrino
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