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El vasto territorio sobre el que se asienta Brasil estuvo habitado, hasta la llegada de los conquistadores europeos en 1500, por un número no muy elevado —en relación con la superficie total— de indígenas procedentes de dos familias etnolingüísticos diferentes.
Antes del descubrimiento del Nuevo Mundo por los europeos, el área correspondiente al actual territorio brasileño era habitada por varios grupos tribales étnicamente distintos. La baja densidad poblacional, asociada a un género de vida nómada, constituían los principales rasgos diferenciadores entre estos grupos y sus contemporáneos de la América Andina.
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También en Encarta |
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Hasta el año 1500, el número de indígenas fue estimado en cerca de un millón de individuos, agrupados en pequeñas comunidades locales, que definían su identidad a través de la lengua, de las costumbres y del dominio territorial. Poco se sabe acerca de la composición y funcionamiento de estas unidades, excepto que comprendían un cierto número de unidades menores, las aldeas o grupos locales, distanciadas en el espacio pero unidas entre sí por lazos de parentesco y por intereses comunes en las relaciones con la naturaleza y en la preservación de la integridad tribal.
La recolección, la caza y la pesca eran las principales actividades económicas de la población, complementadas a lo sumo con una agricultura primitiva. Estas actividades provocaban el agotamiento relativo de las áreas ocupadas; ello exigía tanto el desplazamiento periódico dentro de una misma región, como su abandono y la invasión de otras áreas. A pesar de esta gran movilidad espacial, investigaciones arqueológicas recientes indican la existencia de, al menos, dos regiones culturales, cuya evolución parece haberse producido de manera independiente hasta una época bastante tardía.
La primera región comprende parte de la Amazonia y territorios de otros países suramericanos; culturalmente ligada a la cuenca del Orinoco y a las Guayanas, algunos de sus grupos locales mantenían posiblemente vínculos con la región andina. La otra región geográfico-cultural comprende la franja costera, el altiplano central y parte de la cuenca del Paraná.
A mediados del primer milenio después de Cristo se produjo el contacto entre las dos unidades culturales, gracias a la migración de los grupos de lengua tupí-guaraní desde el área amazónica hasta la franja costera. Sin embargo, no se conocen los lugares a partir de los cuales se inició la dispersión; las evidencias halladas sitúan su origen en algún punto entre los ríos Tapajos y Madeira, desde donde comenzaría su marcha hacia el sur. Este movimiento de población significó, según ciertos autores, la amazonización de la casi totalidad del territorio brasileño, es decir, la expansión de la tradición cultural amazónica, basada en la agricultura de roza, desde la selva tropical hasta la franja costera. Los grupos dominados, conocidos como tapuyas, fueron vencidos probablemente por tener un mayor grado de nomadismo y de diferenciación lingüística que sus dominadores, los tupís. Irónicamente, el curso de los acontecimientos vino a ser más tarde favorable a las tribus nómadas. Los tupís, que se habían asentado en la franja costera, son los que entran en contacto con los conquistadores portugueses, constituyendo, al mismo tiempo, la principal fuente de resistencia organizada frente a los designios de los colonizadores y el mejor punto de apoyo con que éstos contaron entre las poblaciones nativas. La civilización europea acabó por aniquilarlos; en cuanto a las tribus dispersas por el interior, a pesar de verse obligadas a sucesivas migraciones, fueron las que finalmente lograron sobrevivir.
Fuente: Osorio Machado, Lia. Brasil I. El medio y la historia. (2 vols.). Biblioteca Iberoamericana. Madrid: Ediciones Anaya, S.A., 1988.
Aparece en
Precolombino; Imperio portugués; Brasil
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