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El artículo Peces introducidos. Un cáncer en nuestros ríos trata la problemática de las especies introducidas, en concreto de la ictiofauna incorporada en los ecosistemas fluviales españoles. En el fragmento que se recoge a continuación se describen los impactos ecológicos que, muchas veces, provocan estos peces foráneos y que incluyen desde la lucha por los recursos naturales con los peces autóctonos, hasta la competencia genética o el impacto sobre otros animales acuáticos, como anfibios o aves, e incluso sobre la vegetación.
Los impactos asociados a la visita de estas especies foráneas son numerosos. Hay evidencias claras de que los peces introducidos compiten con los propios por el espacio y el alimento, depredan o se hibridan con los autóctonos, introducen parásitos y enfermedades, y alteran la normalidad de los procesos ecológicos, al incidir también negativamente en otras comunidades acuáticas, ya sean de plantas u otros animales.
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Respecto a la pugna por el espacio y el alimento, algunos peces exóticos son rivales de las especies autóctonas. Así, la gambusia (Gambusia holbrooki) y el fúndulo (Fundulus heteroclitus) son eventuales competidores del fartet (Lebias ibera) y del samaruc (Valencia hispanica). Aunque todavía se dispone de pocos datos científicos al respecto, resulta evidente que mientras las dos especies exóticas prosperan y son abundantes en diversas áreas, los dos endemismos se encuentran en grave peligro de extinción.
Por su parte, en la cuenca del Júcar, la nativa loina (Chondrostoma arrigonis) es cada vez más rara frente a la invasora boga del Tajo; que resulta común en amplias áreas. Este proceso de sustitución ha tenido lugar en breve espacio de tiempo, limitándose prácticamente a las dos últimas décadas.
El pez exótico se come al nativo
Algunos peces foráneos aclimatados en España, principalmente el siluro (Silurus glanis), el lucio (Esox lucius), la lucioperca (Sander lucioperca), la perca (Perca fluviatilis) y el black bass (Micropterus salmoides), son depredadores ictiófagos que, lógicamente, se comen a los peces que encuentran en su nuevo medio, los cuales no estaban adaptados a convivir con estos voraces carnívoros.
Todavía se carece en muchos casos de datos sobre estas interacciones, pero, por ejemplo, el lucio aparece como uno de los principales responsables de la rarefacción o extinción de las especies autóctonas en algunas zonas de la cuenca del Guadiana, como las lagunas de Ruidera y las Tablas de Daimiel.
En el caso del black bass, aunque aún no se ha podido cuantificar suficientemente su actividad depredadora sobre los peces nativos, se sabe que la dieta de los ejemplares mayores de unos 20 centímetros es fundamentalmente ictiófaga.
Competencia genética
Otro de los impactos provocados por los peces invasores es la hibridación, que puede producirse entre especies genéticamente próximas cuando, por ejemplo, debido a causas no naturales (introducciones o translocaciones), éstas viven y se reproducen en las mismas áreas. En los ciprínidos son comunes los híbridos entre especies del mismo género o de géneros próximos. En la península Ibérica, estas hibridaciones son más probables entre especies autóctonas originarias de distintas cuencas que entran en contacto por culpa del hombre.
Como ya hemos señalado, las translocaciones de ictiofauna autóctona peninsular son limitadas. No obstante, se sabe que la llegada de la boga del Tajo a la cuenca del Júcar ha traído consigo la producción de híbridos con la especie próxima propia de dicha cuenca, la loina.
En el caso de la trucha común se ha producido un fenómeno particular, ya que durante muchos años se ha repoblado con ejemplares de la misma especie, pero de procedencia exógena (centro de Europa). Esta introgresión entre las truchas autóctonas y las foráneas se ha podido demostrar por medio de marcadores genéticos, aunque su grado resulta muy variable entre las distintas regiones peninsulares. Así, mientras que en Asturias y Galicia parece bajo o inexistente, en otras comunidades autónomas resulta alto, particularmente en Castilla-La Mancha y Aragón.
Impacto en otras comunidades acuáticas
Actualmente se dispone de pocos datos sobre el impacto de los peces exóticos en el resto del ecosistema fluvial, pero ya se ha descrito el papel que pueden tener estas especies invasoras en la eliminación de anfibios en lagos de alta montaña. También se han detectado cambios drásticos y rápidos en la alimentación de aves ictiófagas como las garzas, al haberse sustituido la comunidad original de peces por otra con especies introducidas.
En la laguna de Zóñar (Córdoba) se ha comprobado el efecto negativo que ha tenido la introducción de la carpa (Cyprinus carpio), del carpín o pez rojo y de sus híbridos sobre la vegetación sumergida de la que se alimentan y, consecuentemente, sobre la fauna de invertebrados y de aves acuáticas que también depende de ella.
Por otra parte, la introducción de peces foráneos tampoco es aconsejable desde un punto de vista utilitario —argumento bajo el que se han amparado estas iniciativas—, ya que los posibles beneficios derivados de esta actuación (pesca, acuicultura extensiva, control de la vegetación) no compensan las presumibles pérdidas de biodiversidad que ocasiona en el ecosistema ni la desaparición que provoca de otras especies autóctonas, que constituyen recursos naturales igualmente valiosos.
Fuente: Elvira, Benigno. Peces introducidos. Un cáncer en nuestros ríos. Biológica. Madrid: Prensa Española General de Revistas, septiembre, 1998.
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