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El intento de obtener una imagen en relieve se remonta a los orígenes de la fotografía. En este fragmento, tomado del capítulo “La tercera dimensión” de la Historia de la fotografía de Marie-Lou Sougez, se describen cuatro procedimientos ideados para este fin: el estereóscopo, los anaglifos, la fotoescultura, la reliefografía y la holografía.
Inspirándose en conocimientos que provienen de la Antigüedad con los trabajos de Euclides y de Galiano, Leonardo da Vinci explicó el fenómeno de la visión binocular cuya síntesis ofrece la sensación de relieve al igual que la doble percepción del sonido estereofónico se logra por medio de la síntesis auditiva. En el siglo xvi, Della Porta estudió a su vez el fenómeno.
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El físico inglés Charles Wheatstone (1802-1875) fue el primero en idear un aparato para proporcionar la visión en relieve. Era el estereóscopo, que presentó en Londres en 1838. El aparato permitía la visión correspondiente a los 65 mm de distancia que hay entre los ojos. Sin la aportación de la fotografía, todo ello no hubiese pasado de ser un experimento óptico, dada la dificultad de realizar a mano dibujos con la visión disociada de cada ojo.
A Sir David Brewster (1781-1868), físico escocés e inventor del caleidoscopio, se debe el propósito de obtener imágenes estereoscópicas por medio de la fotografía. Sus primeros intentos en este campo datan de 1844, cinco años después de la divulgación del guerrotipo. Brewster, que estaba relacionado con Talbot, Adamson y D. O. Hill, pudo adaptar sus trabajos a la incipiente técnica fotográfica.
Tras haber pretendido en vano interesar a los ópticos británicos, se dirigió a París, donde el abate Moignot y los ópticos Soleil y Duboscq acogieron sus experimentos. El aparato construido por Duboscq cosechó grandes éxitos en la Exposición Universal de Londres de 1851, donde la reina Victoria recibió un ejemplar de lujo que supuso una excelente publicidad para el invento.
Después de haber realizado las dobles vistas con una cámara cuyo objetivo se desplazaba horizontalmente sobre una plancha graduada, a partir de 1849 lo sustituyó Brewster por una cámara binocular que al sacar sincrónicamente las dos imágenes permitía realizar retratos estereoscópicos.
La técnica estereoscópica evolucionó a lo largo de la segunda mitad del siglo, adaptándose a las mejoras sucesivas de los procedimientos: del estereodaguerrotipo al veráscopo de Richard, que tuvo gran aceptación a principios del siglo xx, hubo múltiples variantes del invento de Brewster. El empleo de la placa de cristal que permitía la visión de imágenes transparentes fue decisivo. Muchos fotógrafos del siglo xix y de principios del xx realizaron vistas estereoscópicas. El gran aficionado que fue Santiago Ramón y Cajal, utilizó mucho la cámara binocular. Hasta hace poco se siguieron utilizando los populares aparatos denominados «View-Master».
Los anaglifos
Basado también en el fenómeno de síntesis de la visión binocular, el procedimiento de Louis Ducos du Hauron fue patentado en 1891 con el nombre de anaglyphe, consiste en la reproducción conjunta de dos imágenes, con el decalage correspondiente a la distancia de visión binocular, cada una en un color complementario (en general, rojo y verde). El relieve se consigue al mirar la doble imagen con gafas cuyos cristales son cada uno de un color.
La fotoescultura
Intento sin porvenir, tan sólo mencionaremos el sistema ideado hacia 1860 por el escultor François Willème (1830-1905). Consistía en sacar simultáneamente 24 fotografías del modelo con sendas máquinas colocadas a su alrededor. Los 24 clichés, proyectados y restituidos al pantógrafo, permitían modelar 24 aspectos del personaje que luego se reconstituían en una sola escultura. Hasta 1920, aproximadamente, prosiguieron los intentos de fotoescultura en Estados Unidos y Japón.
La reliefografía
En 1939, Maurice Bonnet presentó su procedimiento, inspirado en trabajos anteriores, especialmente de Berthier (1896), Lippmann (1908) y Estanave (hacia 1930), todos ellos basados, aunque por distintos derroteros, en la idea de fotografía integral de Lippmann y en la utilización de un selector que permite disociar la imagen y recomponerla después.
La reliefografía de Bonnet permite obtener una serie de imágenes de un mismo modelo (dos perfiles y frente), mediante una cámara que se desplaza sobre un riel o mediante una cámara provista de una hilera de objetivos, de modo parecido al sistema de Muybridge para descomponer el movimiento. A estas imágenes se aplica una red selectiva lenticular constituida por una superficie plástica transparente que consta de estrías minúsculas, a través de las cuales el espectador selecciona la visión en una infinidad de ángulos distintos y sucesivos.
Este sistema nos es familiar por un tipo de postales o anuncios en los que aparece, por ejemplo, un personaje que, según el ángulo de visión, se ríe o está serio o abre y cierra los ojos. En este caso, la superficie selectora, más que devolver una impresión de relieve, da idea de movimiento porque es el sujeto el que cambia de postura o de expresión.
La holografía
Mucho más reciente y de mayor porvenir es la holografía. Los trabajos del científico inglés Dennis Gabor, emprendidos en 1948, anticiparon con el nombre de holograma (del griego holos, todo) la idea de una imagen total.
En 1962, Leith y Upernicks de la Universidad de Michigan lograron un holograma perfecto utilizando el rayo láser.
El procedimiento se basa en el fenómeno de interferencia de dos emisiones de luz coherente del láser: una que procede directamente del generador de luz, otra que es reflejada por el objeto que se va a fotografiar. La interferencia se produce en el cuerpo de la emulsión fotográfica sin utilizar lente alguna. Una vez revelada, la superficie fotográfica presenta un aspecto moiré sin imagen distinguible. Basta con iluminarla con una emisión de rayo láser para que la imagen del objeto fotografiado aparezca inmediatamente en el espacio, dando la ilusión del objeto restituido en sus tres dimensiones y permitiendo al espectador, según se vaya desplazando, ver, por ejemplo, los dos perfiles y la cara del modelo.
Fuente: Sougez, Marie-Loup. Historia de la fotografía. Madrid: Ediciones Cátedra, 1994.
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