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Pautas para componer un cuadro

En este fragmento de El arte de la pintura, publicado en 1649, Francisco Pacheco describe paso a paso las pautas para pintar el tema de san Joaquín y santa Ana ante la puerta Dorada. A lo largo de las páginas de este magnífico tratado, el autor expone sus inquietudes artísticas además de dedicar una parte a las técnicas pictóricas.

Fragmento de El arte de la pintura.

De Francisco Pacheco.

Habemos de dar principio a la pintura de los misterios de Nuestro Salvador Jesucristo por la vida de su Madre santísima (con la luz que nos ofrece quien ha hecho de ello particular estudio), cuando, retirados sus benditos padres, el santo Joachín y la gloriosa Ana, uno al campo y otro a su casa, por haberlos el Sacerdote expelido del Templo por estériles, tuvieron revelación del cielo, por medio del Arcángel S. Gabriel, de la concepción purísima de Nuestra Señora y del nombre santísimo que le habían de poner. Encontráronse, pues, los dos santos-ancianos, según las más acreditadas historias, a la puerta Aurea de Jerusalén, llamada así por estar toda dorada (como la pintó Peregrín en El Escorial), que también se llamaba oriental, por mirar al oriente del Templo, entre la puerta de la Fuente y del Valle (como refieren los que describen la Tierra Santa).

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Débese pintar San Joachín como de 68 años, aunque Santa Ana de menos edad, hermosos y venerables en fin, viejos, que esto es lo más cierto, ya muerta la sangre y frío el calor natural. Así lo sienten los Padres Canisio, Bonifacio, Espinelo, Suárez, y Castro, todos de la Compañía de Jesús y, lo que es más, San Gregorio Niseno dice de San Joachín que había envejecido sin hijos: Consenuerat autem sine liberis. El traje ha de ser el que usan los pintores más cuerdos, tomando por exemplar al gran Alberto Durero en la Vida de Nuestra Señora estampada en madera. Yo los he pintado en este paso, ambos de rodillas, muy alegres, dando gracias a nuestro Señor, mirando una luz que les aparece en el cielo o, como es más probable, abrazándose con gran compostura y modestia, que esto es muy decente y conforme a Santos casados: pero no dándose ósculo de paz, por evitar el ignorante error de unas antiguas mujercillas que afirmaban según un grave autor, que por aquel beso, sin otro medio, fue concebida la Virgen Nuestra Señora.

Algunas pinturas antiguas solían poner dos ángeles vestidos de blanco sobre la puerta, o en el aire, mirando a Santa Ana, los cuales la saludaban diciendo: «Alégrate Ana de ver tu esposo que viene a visitarte», lo cual tiene bastante autoridad; y muestra esto más decencia, habiendo de pintar ángeles, que pintar uno en medio de los dos Santos, como se hace de ordinario, puestas las dos manos en los hombros de ambos como juntándolos por fuerza. También se pueden pintar uno o dos pastores, o zagales, de la parte de San Joachín, con algún regalo del campo, como dos cabritos, o un cordero, o cosa semejante y a Santa Ana acompañada de una o dos criadas. Xecutólo así, felicemente, Mase Pedro Campaña, insigne artífice, las veces que se le ofreció pintar esta historia.

Fuente: Pacheco, Francisco. El arte de la pintura. Madrid: Ediciones Cátedra, 1990.

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Francisco Pacheco; Pintura

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