Arte hebreo
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Arte hebreo
2. LA ANTIGÜEDAD

Las construcciones, las cerámicas y los sellos de los templos bíblicos son afines a los fenicios, babilonios y asirios coetáneos, es decir, al arte y a la arquitectura de Mesopotamia. El más celebre monumento hebreo de la antigüedad fue el templo de Salomón en Jerusalén, levantado por el fenicio Irma de Tiro en el siglo X a.C. y hoy destruido en su totalidad. Se conservan, sin embargo, algunos edificios en Meguido y el palacio del rey Achab (siglo IX a.C.) en Samaria.

En época romana, durante el reinado de Herodes el Grande, se levantaron varios edificios, como el templo de Herodes en Jerusalén (siglo I a.C.), del que solo queda parte del muro, conocido como el Muro de las Lamentaciones; el anfiteatro de Cesarea, y el palacio de Masada. Se construyeron también numerosas sinagogas, en Palestina y en otros lugares, sobre todo después de la destrucción por parte de los romanos del templo de Jerusalén en el 70 d.C. y el inicio de la diáspora.

Arquitectónicamente, estos edificios sacros se inspiraban en la basílica romana: los rollos de la Torá eran colocados en el ábside oriental, y el espacio se dividía en áreas masculinas y femeninas; estos elementos caracterizaron también las primeras iglesias cristianas y las ortodoxas. Capiteles y frisos esculpidos en piedra decoraban el interior, junto con frescos (como las escenas del Antiguo Testamento en la sinagoga siria de Dura-Europos, del siglo III a.C.) y pavimentos con mosaicos, de estilo romano (Beth Alpha en Galilea, siglo VI) o bizantino (Sardi, actual Turquía).

Los difuntos eran enterrados en sarcófagos esculpidos, en cámaras funerarias o catacumbas, como la de la gran necrópolis de Bet She’arim, construida entre los siglos I y IV, cuyas paredes están decoradas con pinturas o relieves de carácter religioso.