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Shatt al-Arab

Shatt al-Arab, río del suroeste de Asia que actúa, desde la mitad de su recorrido hasta su desembocadura, como límite fronterizo entre Irak e Irán. Con una longitud total de 193 km, este curso fluvial surge en el sureste del territorio iraquí de la confluencia de los ríos Tigris y Éufrates y desagua en el litoral del golfo Pérsico, cerca de Kuwait. El río Kārūn, que nace en Irán, es su principal tributario.

La cuenca del Shatt al-Arab se caracteriza por la presencia de tierras aluviales y pantanosas. Los sedimentos acarreados por sus tributarios se depositan en sus bocas al desembocar en aguas del golfo Pérsico. Con el tiempo, estos depósitos han ido provocando la extensión del delta del río y, por tanto, el retroceso de las aguas del golfo. Éste es también el motivo por el que la ciudad iraní de Abādān, fundada a orillas del golfo hace unos 1.000 años, se extiende en la actualidad unos 50 km tierra adentro, sobre la isla homónima, a orillas del Shatt al-Arab.

Además de Abādān, entre las principales ciudades portuarias situadas en las márgenes del río cabe citar las de Basora, en Irak, y Jorramshahr, en Irán. La producción, almacenamiento y carga o estiba de petróleo se realiza en las zonas portuarias de Basora y Abādān, a la vez que toneladas de dátiles se cultivan y recogen en las riberas del Shatt-al Arab.

El río constituye una vía fluvial de vital importancia, ya que es el único acceso de Irak al mar, sirviendo además como un corredor para el transporte del petróleo destinado a la exportación, así como de los artículos de importación adquiridos por Irán e Irak.

Debido a su importancia estratégica y económica, el control del río ha sido motivo de disputa desde antaño. El litigio más antiguo del que se tiene noticia está documentado en el Tratado de Zohab de 1639. Mediante este acuerdo se intentó establecer una frontera —formada de manera parcial por el propio río— entre Persia (actual Irán) y el Imperio otomano (que incluía lo que hoy día es Irak). El lenguaje en el que se redactó el tratado, no obstante, era confuso, lo que hizo que el conflicto sobre la delimitación fronteriza en Shatt al-Arab se mantuviera latente, tal y como lo refleja el hecho de que se firmaran varios acuerdos con posterioridad.

Durante el siglo XIX, las potencias europeas optaron por involucrarse en el asunto: Rusia pasó a apoyar las reclamaciones territoriales de Persia (que solicitaba el control de la orilla oriental), mientras que Gran Bretaña respaldó la exigencia de los otomanos de hacerse con el control de ambas orillas. El Tratado de Erzurum, firmado en 1847, confirmó, en lo fundamental, la postura ruso-persa, pero de nuevo el lenguaje en el que fue redactado era tan poco claro que los otomanos reclamaron el control sobre la totalidad de Shatt al-Arab, si bien se cedían los derechos de navegación a los persas. Por los acuerdos firmados fechas antes del estallido de la I Guerra Mundial (1914-1918) el límite fronterizo se mantuvo sobre la orilla oriental del río, excepto en las proximidades de Jorramshahr y Abādān, donde pasaba a situarse en la mitad de su curso.

Los litigios habidos desde entonces, que se han manifestado a través de invasiones o bloqueos, han estado acompañados de un proceso regular de negociaciones y anulaciones de tratados. El incremento de la producción de petróleo en la región durante las décadas de 1960 y 1970 sirvió para intensificar el conflicto, lo que hizo que el control sobre Shatt al-Arab se convirtiera en una de las causas de la Guerra Irano-iraquí (1980-1988). El río se convirtió entonces en un campo de batalla, y ambos bandos fueron forzados a desviar su producción petrolífera hacia otros puertos de carga.