Expresionismo
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Expresionismo
4. Música

La música expresionista, que alcanzó su apogeo en el periodo de entreguerras, buscó la expresión de las ansiedades, los terrores ocultos y el cinismo de la sociedad contemporánea. Para ello empleó composiciones cuidadosamente estructuradas y emocionalmente intensas, deformando las técnicas convencionales y reemplazando las armonías tradicionales por otras más complejas y disonantes. La música es a menudo atonal o producto de la distorsión, la polifonía (simultaneidad de líneas melódicas) es con frecuencia densa, y la melodía, prácticamente irreconocible.

Las raíces del expresionismo pueden encontrarse en las últimas obras de compositores románticos como el alemán Richard Wagner, y en las composiciones de posrománticos como el austriaco Gustav Mahler. Entre los mejores ejemplos destacan dos óperas tempranas del alemán Richard Strauss, Elektra (1909) y Salomé (1905); algunos trabajos del austriaco Arnold Schönberg, especialmente los pasajes dramáticos Erwartung (1909) y Die glückliche Hand (1913), así como el ciclo de canciones Pierrot Lunaire (1912); y las óperas Wozzeck (1921) y Lulú (1935; primera representación completa, 1979) del austriaco Alban Berg. Otros compositores con características expresionistas fueron Paul Hindemith en Alemania, Béla Bartók en Hungría y Serguéi Prokófiev en Rusia. Ver Expresionismo (música).