| Lengua griega | Vista del artículo | ||||
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| 3. | Griego moderno |
Durante el periodo bizantino y los años de dominio turco la lengua literaria griega permaneció estática; la literatura que produce es básicamente hagiográfica, obras teológicas y poesías religiosas. A finales del siglo XVIII se desarrolla una burguesía emergente griega que manifiesta una conciencia nacional. Sin embargo hasta el 1880 las personas que dirigen esa burguesía eran navieros, comerciantes que vivían en las colonias fuera de Grecia y basaban sus usos lingüísticos y preferencias culturales en una herencia idealizada de la antigua Atenas. Dentro de Grecia, que permanecía bajo el dominio de los turcos otomanos, las energías del pueblo se vieron abocadas a una actividad revolucionaria que afirmaba la independencia nacional. En el siglo XIX, una vez alcanzada la independencia, los griegos tuvieron que enfrentarse a problemas más urgentes que los estrictamente lingüísticos, de lo que se derivó que el idioma establecido para la nueva nación no fuera una lengua uniforme.
A finales del siglo XIX, los escritores y profesores griegos tuvieron que ocuparse en debatir la sistematización de la lengua popular para proporcionar el tratamiento adecuado en la enseñanza y la comunicación. Quienes encabezaron el movimiento en favor de la expansión de la lengua popular fueron llamados demotiquistas, de demótico, el idioma vernáculo. Entre sus valedores estuvieron el poeta Dionisios Solomo, el filólogo francés de origen griego Jean Psichari. Los principales logros de este movimiento fueron la creación de una gramática vernácula y la producción de un amplio conjunto de obras que trataban de las conquistas, vida y costumbres del pueblo. La mayoría de los novelistas y poetas de la Grecia actual emplean la lengua vernácula de forma abrumadora.
A los demotiquistas se opusieron los puristas, defensores de un griego puro (el kazarévusa).
Proponían que lo primero que había que hacer era despertar la conciencia nacional de ser los herederos de una gran cultura antigua. No les gustaba la difusión de la lengua vernácula tanto en su uso oral como escrito, y promovieron una lengua artificial, elegante y enraizada en la investigación, basada en el griego clásico y alejada del habla que primaba entre las gentes. Aconsejaron el estudio de los autores clásicos, poniendo especial énfasis en los poetas y retóricos. Encabezaban este movimiento muchos profesores de filología de la Universidad de Atenas. Como resultado de la campaña sostenida por los puristas, el gobierno adoptó el kazarévusa, pero en 1917 una resolución del Parlamento convirtió el demótico en lengua oficial que desde entonces se enseña en las escuelas y es la lengua que utilizan escritores y poetas.
Las principales diferencias gramaticales que se presentan entre la forma actual y la antigua residen en las declinaciones y las conjugaciones. En el presente, tanto en la forma vernácula como en la purista, la declinación ha perdido todas las formas del dual, que era un tercer número gramatical para nombrar por pares los nombres, artículos, pronombres y adjetivos; asimismo ha desaparecido el caso dativo que únicamente se conserva en unas pocas frases hechas. También se ha simplificado la conjugación y no sólo por la pérdida del número dual, sino porque se han eliminado dos modos, el optativo y el infinitivo; el primero se empleaba en oraciones que significaran deseo o duda, casi siempre subordinadas, y el segundo en las oraciones subordinadas sustantivas. Hoy esas funciones las realizan las perífrasis verbales y los verbos auxiliares. Algo parecido ya había sucedido en el griego clásico para las formas del imperativo que se sustituyó por un auxiliar y el verbo principal en subjuntivo.
En cuanto al léxico, el vernáculo se caracteriza por el uso de muchos préstamos que ha aceptado de otras lenguas concretamente del italiano, el turco y el francés; también muestra una gran facilidad para combinar y componer palabras. El purista o kazarévusa evita las palabras de otras lenguas y cuando necesita nuevos términos que no existían en la lengua clásica, heleniza las palabras de otro origen, tratando en todo caso de preservar las raíces originales de su lengua.