San Pablo
En el menú Archivo, haz clic en Imprimir para imprimir la información.
San Pablo
4. Teología

Cualquier intento de resumir el pensamiento de Pablo ha de afrontar varios obstáculos, y en particular el hecho de que las cartas iban dirigidas a una comunidad determinada, incidiendo en sus problemas específicos con el fin de corregir sus errores. Incluso su epístola más sistemática, la que remite a los romanos, no proporciona una exposición completa de su teología, pero algunos temas y aspectos se repiten con suficiente frecuencia como para ser considerados como el núcleo más significativo de su pensamiento.

1. Apocalíptico

Pablo asume el esquema básico temporal de la especulación apocalíptica hebrea que postula dos edades: la Antigua, bajo el dominio de Satán y sus huestes, y la Nueva, que Dios señalará en algún momento del futuro gracias a su omnipotencia. Para Pablo, la venida de Jesucristo por expresa voluntad de Dios había inaugurado ya la nueva era, aunque todavía no había borrado por completo los poderes del pecado y la muerte de la Edad Antigua. Por el contrario, creía que ambas edades se encontraban enzarzadas en un combate, como podía advertirse, por ejemplo, por el hecho de que el poder de la muerte todavía no había sido destruido.

Sin embargo, consideró seguro el resultado final de la batalla apocalíptica porque Dios había dado el golpe definitivo liberador (por paradójico que pueda parecer) en la cruz, momento en que, en apariencia, los poderes de la Edad Antigua habían conseguido un gran triunfo. Atribuyó la crucifixión a los “príncipes de este siglo”, expresión con la que se refirió a las autoridades políticas implicadas y a los poderes demoniacos que operaban en y a través de ellas (1 Cor. 2,8), pero su victoria sería efímera, porque al crucificar al “Señor de la gloria” sellaron su propia destrucción (1 Cor, 2,6).

Para Pablo, una verdadera percepción de la cruz revela el extraño poder de Dios, un poder que se hace perfecto en su propia manifestación de debilidad. Dios afirmó este poder al resucitar a Jesús de entre los muertos, al enviar al Espíritu Santo y al fundar la Iglesia como fundamento de la Edad Nueva venidera, situándola en medio de la batalla escatológica con la seguridad de que pronto enviaría al Señor resucitado para lograr la victoria final del Bien.

2. Opinión sobre Cristo

Pablo enumera y establece las formulaciones de los primeros cristianos, que interpretaron la muerte de Cristo desde la perspectiva del sacrificio (1 Cor. 15,3), pero la esencia de su visión de Cristo se encuentra en la afirmación de que Dios quiso que Jesucristo venciera el poder del pecado. Rechazó por tanto la importancia que los judeocristianos otorgaban al arrepentimiento y al perdón de los pecados, y en lugar de invitar a sus discípulos a arrepentirse, ejemplificó la victoria de Dios sobre todos los pecados.

3. La Ley

Las consecuencias de estas doctrinas, al representar de forma implícita una interpretación de la Ley mosaica, son complejas. Afirmó que la Ley era santa, justa y buena, pero cuando se convirtió al cristianismo dejó de creer que fuera lo bastante poderosa como para vencer al pecado y la muerte (Rom. 8,3), por lo que no es posible someterse a ella. En realidad, aquel que lo haga se encontrará con que, en manos del pecado, la Ley puede convertirse en un poder esclavizador (Gál. 3,23-25).

4. Opinión sobre los seres humanos

Pocos aspectos del pensamiento de Pablo han sido tan mal entendidos como los que se refieren a los términos de carne y espíritu. Según él, se trata de esferas de poder que se hallan en conflicto y no deben ser entendidas sólo como partes constituyentes de los seres humanos, porque el reino de la carne (el reino humano) es susceptible de sucumbir ante el poder del pecado. La solución al mal no radica en un código ético que la gente pueda y deba obedecer, sino en la obra del Espíritu Santo, don de Dios, que triunfa en la vida de la nueva comunidad aportando sus frutos de amor, alegría y paz.

5. Elección

Pablo nunca habla de su conversión del judaísmo al cristianismo, sino de haber sido “llamado” por Dios. En esencia dijo lo mismo a todos los cristianos, por lo que puede considerarse que para él el cristianismo no parte de una actitud personal sino en la propia decisión de Dios que se manifiesta a través de su hijo y al enviar su espíritu. Es Dios quien llama a las personas para que se unan a la comunidad cristiana a través del don de la gracia. Pablo insiste en la naturaleza radical del poder de Dios afirmando que con la muerte de Cristo Dios ha rectificado al impío (Rom. 4,5). No es que Dios aliente a los pecadores a rectificar por medio de las buenas obras, sino que actúa en primer lugar, y la fe es un don de Dios más que un acto voluntario y consciente del ser humano (Gál. 5,22). La fe, igual que la vida misma, es algo que Dios hace nacer (Rom. 4,17) y no depende de la voluntad o esfuerzo de la persona, sino de la misericordia divina (Romanos 9:16).